miércoles, 6 de agosto de 2014

¿EXISTEN LOS MILAGROS?,

o una historia verdadera…

"Las desgracias que podemos soportar vienen del exterior: son accidentes. Pero sufrir por nuestras propias faltas... ¡Ah!, ahí está el tormento de la vida"
- Oscar Wilde-



Por: Guillermo Sáez Álvarez

No me gusta hablar de tragedias, pero lo que pudo ser una gran tragedia dentro de la familia se  convirtió en algo milagroso y para quien lo dude, voy a contarles un accidente en el cual me vi involucrado junto a mi esposa, una hija embarazada y un nieto de  pocos años.

Pocos minutos antes del accidente, habíamos dejado a una hermana y un cuñado en su apartamento, luego de una reunión familiar.

Fue un diciembre de 1980 si mal no recuerdo. Íbamos en un Dodge Coronet año 1959,  un carro clásico que dejó de fabricarse por ser lo que llaman los norteamericanos tamaño completo. Tenía un largo de 5.70 mts y cabían cómodamente 6 personas. Los amigos, por broma lo llamaban  EL BATIMOVIL, aludiendo al carro de Batman. Era un carro excelente para viajar pues sus asientos eran mullidos y grandes.

Tomamos la autopista Francisco Fajardo, cuando a la altura de Los Ruices comenzó a parpadear la luz roja que podía ser la correa del ventilador rota,  (El motor del carro estaba recién anillado)  u otra cosa por lo cual hice la maniobra para detenerme en el hombrillo cuando de pronto sentimos que nos volcábamos. Con el aturdimiento no supimos más nada aunque ninguno perdió el conocimiento.

El carro estaba como se dice patas arriba. Pensé en mi pequeño nieto que venía detrás que quedó atrapado entre el asiento de atrás y el de adelante. Pensé lo peor, pero hice esfuerzos por sacarlo y lo logré. Salimos todos por lo que había quedado del vidrio trasero con la cabeza llena de partículas de los restos del vidrio que afortunadamente eran redondas.

Ya mi esposa y Maigualida  habían salido de igual forma. Elena gritaba con una crisis nerviosa y ya la gente comenzaba a arremolinarse a nuestro alrededor. Y aquí es donde digo que salimos vivos de milagro, pues estábamos en una laguna de  80 litros de gasolina que acababa de echar donde cualquier chispita hubiera sido nuestro fin inevitable, ya que la explosión de 80 litros de combustible, de haberse producido, nos hubiera freído a todos en pocos minutos sin que nadie pudiera evitarlo.

Dentro del público ansioso de ver qué pasó, una señora caritativa nos llevó al hospital Pérez de León donde examinaron a Maigualida de emergencia por ser la que requería atención médica por estar embarazada. Solo tenía un chichón en la cabeza y todos los demás salimos ilesos. Solo  mi brazo izquierdo se me inflamó un poco. A los pocos minutos llegaron mis familiares, entre ellos el doctor Alberto Padua, precisamente a quien le compré el carro. Al chofer que nos chocó no lo vi nunca y solo supe que era hijo del Dr. Francisco Ramírez, oftalmólogo que ya yo conocía.

Solo nos dijeron que era dueño del carro y propietario de una óptica llamada Óptica Miranda bajo el puente de las fuerzas Armadas. El abogado que nos representó fue un amigo de mi cuñado, el doctor Padua. El carro lo dejé abandonado en el estacionamiento de Tránsito y salvo una vez que fui a verlo No quise saber más nada de él. El seguro apenas si cubrió lo que costó el carro que mi cuñado me lo había vendido a precio de gallina flaca y tuve que hacerle el motor. Pero desde ese día creo en los milagros.

Por: Guillermo Sáez Álvarez.
Agosto 2014.



LOS JUEGOS OLVIDADOS,

o la diversión infantil antes de las tabletas…


¿Recuerdan aquellos juegos que en nuestra infancia y adolescencia nos hacían divertir de lo lindo?



Por: Guillermo Sáez Álvarez

La gran mayoría han ido desapareciendo gracias a la tecnología: los teléfonos celulares y las computadoras se han encargado de su extinción lenta pero sistemáticamente, aunque de vez en cuando resucite uno que otro, como las carreras de sacos en alguna feria de pueblo

Voy a comenzar por aquellos que están casi extinguidos:

EL ESCONDIDO o 40 matas como también se le llama

Se juega al aire libre y donde haya muchas matas o árboles donde esconderse. Mientras uno de los jugadores  de espaldas a los demás u con la cara tapada cuenta hasta 40 para dar tiempo a los otros jugadores a esconderse. Jugador que es descubierto va quedando fuera de juego y termina al encontrarlos a todos. Así se van turnando  de manera que a cada uno le llegue su turno de contar.

LAS METRAS (o canicas como se les llama en otros países)

Se juega sobre la tierra. Se hace un círculo donde cada uno aporta varias metras y van jugando uno a uno tratando de sacar una metra del círculo, y cada metra sacada es de uno. Se llama ruchado aquel que se queda sin metras. Hay que jugar muy mosca para evitar que algún vivo, valiéndose de su tamaño pase cogiéndose todas las metras y les diga “contín coleo”

LA GALLINA CIEGA

Uno de los jugadores, por sorteo, se cubre la cara con un pañuelo tratando de atrapar a otro de los jugadores. El jugador atrapado tiene que ponerse el pañuelo y hacer lo mismo.

EL GURRUFIO

Se juega con una chapa (generalmente una tapa de cerveza aplastada) se le abren 2 huequitos por donde se mete una cabuya que se agarra con ambas manos y se le da vueltas de manera que al halar y aflojar, esta gire. El objetivo del juego es cortar la cabuya del otro jugador para ganar.

Nota: cuando existían los tranvías poníamos las tapitas e los rieles y al pasar el tranvía, la aplastaba y quedaba lisita y afiladita

El  PALITO MANTEQUILLERO

Se escondía un palito o una moneda y quien la encontraba primero, si era la moneda se quedaba con ella.

EL ARO

Se hacía un aro con un material flexible y con una vara con un extremo doblado convenientemente se hacía rodar haciendo carreras muy divertidas. Por supuesto, había unos más expertos en hacer rodar el aro que casi siempre ganaban.

LAS CARRERAS DE ZANCOS

Este juego requería más destreza, ya que andar sobre zancos no es nada fácil.  Se hacían zancos de madera  que se ajustaba a las piernas para hacer carreras donde muchos se caían. También dependía de la altura de los zancos.

Aunque por supuesto hay otros, voy a referirme ahora a los juegos que de repente resucitan y gustan mucho a niños y adultos.

Me refiero al YOYO, la PERINOLA, y el TROMPO de todos conocidos.  Con los tres pueden hacerse alardes de pericia y hasta se hacen campeonatos no solo en Venezuela, sino en otros países de nuestra América.

Y finalizo con las populares BOLAS CRIOLLAS y que va a ser muy difícil  desplazar, pues, sobre todo en el interior, no hay un patiecito donde no se juege acompañado siempre con la rubia y espumosa que no puede faltar.

ME DESPIDO CON UN BOCHE CLAVADO.

Por: Guillermo Sáez Álvarez,
4 de julio de 2014

Dibujo de presentación tomado de:
LA MÁQUINA DEL TIEMPO



LOS AMORÍOS DE JÚPITER,

Simón Bolívar y Manuela…


Con relación al artículo anterior: “La debilidad, de Bolívar”, el buen colaborador Manuel Taibó me envía este artículo el cuál lo complemente con remembranzas sobre Bolívar narradas por Ricardo Palma y Herrera Luque; lo cual creo en la obligación publicarlo como complemento…
JotaDobleVe



Enviado por: Manuel Taibo

Bolívar como todo hombre genial, tenía sus peculiaridades que a ojo del hombre común parecen imperfecciones. Tal es el caso de la inestabilidad amorosa del Libertador o, hablando más claramente, de su carácter mujeriego. Cuenta don Ricardo Palma, cronista peruano nacido en 1833 y muerto en 1919, haber conocido a Manuelita Sáenz y a la Vieja de Bolívar. ¿Quién era esta mujer que recibió tan extraño y significativo apodo? Démosle la palabra al célebre escritor.

Con el nombre de la Vieja de Bolívar se conoce hasta este año de 1898 a una anciana de noventa y dos navidades que en 1824, cuando el Libertador Bolívar llegó a Huaylas era un fresquísimo y lindo pimpollo de dieciocho primaveras.

En una mañana del mes de mayo, Bolívar hizo su entrada triunfal en Huaylas, y ya se imaginará el lector toda la solemnidad del recibimiento.

El Cabildo, que estuvo pródigo en fiestas y agasajos, decidió ofrecer al Libertador una corona de flores, la cual sería presentada por la muchacha más bella y distinguida del pueblo; claro está que Manolita Madroño fue la designada…

Con el permiso de don Ricardo, sea el momento oportuno de señalar y con el debido respeto que muchas de las niñas que coronaron al Libertador en sus entradas triunfales tuvieron el mismo destino que ya ustedes suponen para Manuelita Madroño. En Caracas se llamó Pepita Machado; Bernardina Ibáñez, en Bogotá; Carmen Garaicoa en Guayaquil y Benedicta Nadal en la Paz. ¿Era culpable el Libertador o el inicio de una tradición republicana que llega hasta nuestros días? Mejor devolvamos la palabra a don Ricardo Palma.

A don Simón Bolívar, que era golosillo, hubo de parecerle Manuelita boccato di cardenale y a la fantástica niña antojósele pensar que era el Libertador el hombre por ella soñado.

Libertador: (Con entusiasmo)

   - Si el fosforo da candela qué dará la fosforera.

Manuelita Madroño: (Con voz suave y cadenciosa)

   - Gracias, Libertador.

No pasaron cuarenta y ocho horas sin que los enamorados ofrendasen a la diosa Venus. Desde entonces hasta el glorioso campo de Junín, Manuelita Madroño fue la única amante del voluble Bolívar. Manuelita guardó tal culto por el recuerdo del gran hombre, que jamás correspondió a las pretensiones de otros galanes. A ella la arrastraba el río, por muy crecido que fuese.

Hoy en su edad senil, cuando ya el pedernal no da chispas, se alegra y se siente como rejuvenecida, cuando alguno de sus paisanos la saluda, diciéndole:

   - ¿Cómo está la vieja de Bolívar?

Voz de Vieja: (Risueña y con picardía)

   - Igual que cuando era moza.


Antonio José de Sucre criticaba acerbamente al Libertador sus frecuentes devaneos, como nos lo refiere, y copiamos textualmente, Ramón Díaz Sánchez en su Bolívar el Caraqueño (pág. 302)

El Mariscal de Ayacucho le comentaba en La Paz a Simón Rodríguez.

Sucre: (Irritado)

   - Hace poco fue con la Madroño; pero era la mejor de Huaylas. No es el caso de esta Benedicta que está muy desacreditada. Usted que lo conoce desde niño, ¿ha sido siempre así? ¿Es que no sabe sobreponerse?

Simón Rodríguez: (Socarrón)

   - Es hombre de amor, mi general. Hay que comprenderlo.

Sucre: (Sarcástico y amargo)

   - De amoríos, querrá usted decir.

Simón Rodríguez: (Algo patético)

   - No. De amor propiamente. Éste es un privilegio de dioses. ¿No sabe usted que el Olimpo es región de amores? ¿Recuerda usted los amoríos de Júpiter? El amor es creación y está presente en todas las circunstancias. Cuando el hombre es un creador, las mujeres son parte esencial de su fuerza.

Tomado de: LA HISTORIA FABULADA.
De Francisco Herrera Luque:
                                                                                                                                                                                     

lunes, 4 de agosto de 2014

LA DEBILIDAD, DE BOLÍVAR,

o su collar de mujeres…


Hoy no voy a escribir sobre Caracas, lo haré sobre un caraqueño… El más grande de Caracas, de Venezuela y de la América toda… Uno de los más grandes hombres del mundo entero; escribiré sobre Simón Bolívar …



Por: J.W. de Wekker Vegas

Escribí en la introducción de la página WEB:Simón Bolívar, el hombre” lo siguiente: “Bolívar recorrió 123 mil kilómetros, más que lo que hicieron Colón y Vasco de Gama juntos; llevó la antorcha de la libertad a la distancia de 65.000 kilómetros, vuelta y media a la tierra, diez veces más que Aníbal y el triple que Alejandro Magno”, pero Simón Bolívar ante todo fue un hombre, un producto de su época con las virtudes y debilidades de un hombre común…

Y la más grande de sus debilidades fueron las mujeres, y nada mejor para darle una idea de lo que digo, es duplicar este artículo de Jesús Rosas Marcano, en “EL NACIONAL”, del año 2001:

DIMENSIÓN GOZOSA DEL BOLÍVAR 2000

Las amantes de Simón Bolívar

Por: Jesús Rosas Marcano
EL NACIONAL, 2001

Las damas del Movimiento Bolivariano, para enriquecer sus tertulias proselitistas podrían apoyarse en la vida placentera, digamos que bonachona del padre de la patria, obviando la de los discursos y decretos, o sea, animar platicas existenciales, no digamos faranduleras, pero si de un hombre óseo y dérmico. No da nota eso de Carne y hueso. Ese que a los doce años alternó aprendizaje de equitación, de esgrima y de baile prolegómenos envidiables de galantería juvenil, ejercitados en la cuadra de Bárcenas.

El collar amoroso de Bolívar tuvo cuentas, perlas, un par de zafiros, una esmeralda y una diadema de brillantes. En Santa Marta, ese collar como un delta al revés regresaba hilitos diáfanos, invisibles, de una fuente exhausta, legítima y única, su corazón vencido.

La Güera Rodríguez, Teresita Toro, Pepita Machado.

la "Güera" Rodríguez
Su primera cuenta fue la "Güera" Rodríguez, su amor veracruzano, descendiente del Virrey Asanza. María Ignacia Rodríguez es la travesura de sus dieciséis años cuando iba rumbo a España, tres semanas.

Su diadema de brillantes es Teresita Toro y Alaysa, emparentada con los marqueses del Toro y de Inicio y con el conde de Rebolledo. Boda en Madrid el 13 de abril de 1802.

Marina, amiguita de Alejandro Manzoni, (autor de la novela Los Novios), es la cuenta milanesa del collar. Manzoni dice que Bolívar, tirado en un canapé, en su primer delirio (el otro es el del Chimborazo), exclamaba: ¡Esa mujer ha decidido mi suerte!

Fanny de Villars
Una de las perlas es Fanny de Villars, casada con Dervieux de Villars, cortejada por el príncipe Eugenio. Francesa, veinteochena, charlante. Ella es el elíxir de su vida y quien hace llevadera su viudez en París. Nostálgico, Bolívar la llama Teresa.

Uno de los zafiros es Josefina Machado, la "Señora Pepa", una de las doce doncellas que lo coronó en la iglesia de San Francisco e 1813. Fue su amor náutico entre bergantines y goletas hasta 1820.

En 1816, cuando en Juangriego una banda inglesa tocaba "Yankee Doodle" Bolívar pescó su cuenta margariteña: Asunción Jiménez. Los legionarios habían reprochado a Bolívar haber perdido un paseo para contemplar la belleza de La Asunción. El héroe sonrió y les dijo que él había atesorado todo su aliento en la cubierta del bergantín. Se refería a la otra Asunción, ósea y dérmica.

Julia Cobier, Isabel Soublette, Bernardina Ibáñez

La perla antillana de Bolívar fue Julia Cobier o Gober; morena pálida, tierna, excitante y rica. Pernoctaba con ella en Kingston cuando sus enemigos fueron a otra casa y asesinaron al pobre Felíx Amestoy, quien lo esperaba para platicar, y por breve reposo ocupó su hamaca.

Su perla caraqueña en Guayana fue Isabel Soublette, hermana del general Carlos ídem. El intrigante coronel Hippisley escribió en el Times de Londres que Bolívar le había regalado a Isabel la más grata mansión de Angostura, donde podía verse una de las maravillas de la ciudad, la bella cama incluida en el obsequio para la señorita Soublette.

Juana Pastrano Salcedo es la cuenta humilde de Capacho, la Campaña Admirable. Cuando Bolívar brindó con Morillo en Santa ana, preguntó por su graciosa campesina. Pero que va; la madre la había ocultado en Piedra Gorda, aldea donde había nacido esa flor silvestre.

Bernardina Ibañes es la perla del Libertador que procede de Ocaña. Estuvo entre las quinceañeras que lo coronaron en Bogota después de la batalla de Boyacá. Esa "Melindrosa" para Bolívar, pretende ser un ángel. Estaba prometida en matrimonio con el pavo del ejército, el coronel Ambrosio Plaza.

Manuelita Sáenz, Joaquina Garaicoa, Janette Hart.

Manuelita Sáenz
La esmeralda del collar fue Manuelita Sáenz, quiteña que consume toda la literatura amorosa del héroe. La procuró para siempre en el baile de la Victoria. Enloqueció por Bolívar. Celosa, lo arañó brutalmente por un arete encontrado en su lecho.

Joaquina Garaicoa es el otro zafiro del collar. Ella es la "Gloriosa". Bolívar, "su sol naciente", "el objeto de su adoración". Una cuenta de brillo fugaz es la francesita Anita Leniot.-No, Ani tu no puedes ir a la campaña del Magdalena. - Benedicta Nadal es su cuenta boliviana de amor. "Tu amante", le anota el héroe. Manolita Madroño es su perla peruana trashumante Huaylas, después de Ayacucho. Janette Hart es su perla norteamericana. La conoció en el puerto del Callao en una recepción de la goleta insignia "United States".

Perlitas sueltas y mostacillas

Joaquina Garaicoa
Se enhebran Teresa Laisne, madre de Flora Tristán; sus primas Aristiguieta, las bellas de Ocaña, Bárbara y Juana de Dios Lemus; Salustiana y María de Jesús Patiño; Incolaza Ibáñez, hermana de la "Melindrosa". En el ensarte siguen Manuelita White, maestra parvularia en Caracas; Teresa Mancebo a quien le produjo insomnios: La poetisa peruana Tomasa de Suero y Larrea que le escribe poemas en francés. ¡Ay!, y la perlita realista Aurosa Pardo, decidida a no bailar con ése en un baile de Lima en honor de sucre. Ella grita, ¡Viva España! Bolívar la estrecha contra su pecho. Ella con aliento nuevo:
¿Si tú eres el Libertador, viva la gloria!


Publicado en el diario
 "El Nacional" de Caracas 2001


domingo, 3 de agosto de 2014

LA LOCA LUZ CARABALLO,

una leyenda, de los Andes venezolanos...

El monumento a la loca Luz Caraballo es una estatua ubicada en una plaza dentro del "Parque loca Luz Caraballo", en Apartaderos, a 3.473 msnm y la cual es patrimonio edificado del estado Mérida. Es una obra de 1967. del artista plástico español Manuel de La Fuente, quien se radicó en la ciudad de Mérida desde 1959 hasta su muerte.


Por  Elba Romero López  (*)

Es un personaje de la  cultura popular venezolana de la región de los Andes inmortalizado por  el poeta cumanés  Andrés Eloy Blanco en su poema Palabreo a la Loca Luz Caraballo, el cual figura en la literatura americana como referencia de buena poesía del continente en la primera mitad del siglo XX.

El nombre se lo puso el también escritor sucrense a una mujer a quien en Los Andes venía de Timotes llamada “loca”.

Corría el año 1932 cuando Juan Vicente Gómez confinó a Andrés Eloy Blanco en Timotes, aunque no pudo el dictador  enclaustrar su inspiración ni su libertad de movimiento por los pueblos merideños.

En sus viajes por Timotes, Madetujole, Chachopo y Apartaderos, supo Andrés Eloy Blanco de Luz Caraballo. Para ser más exactos, así la bautizó él.

Porque cuentan que por esos rumbos, nadie sabía el nombre real de la  loca  Luz Caraballo, el cual fue invención de Andrés Eloy Blanco, siendo  el Palabreo de la loca Luz Caraballo la mayor referencia que de ella se tiene.  El personaje solo se conocía por tradición oral. No hay documento ni dato alguno sobre la mujer llamada Luz Caraballo.

Tal parece  que el escritor cumanés tejió su Palabreo a partir de “Lesmichimia“, una mujer de Timotes...  La tradición oral cuenta que dicha mujer enloqueció cuando Bolívar reclutó a su marido Lesmes y a dos de sus hijos…los otros dos se le fueron detrás de un hombre a caballo…

Otros investigadores de la Universidad de Los Andes aseguran que el nombre  de la mujer era BLASA RAMIREZ  habitante de la aldea EL CACHO conocida como “La loca Blasa” a quienes algunos recordaban  por su errante caminar  por los pueblos de la zona. Es lo que señala en testimonios publicados por Jesús María Espinoza Marín, nativo de Timotes, quien escribió que LUZ CARABALLO podría ser  una mujer conocida como LESMICHIMIA de Timotes., pero en Chachopo respaldan la versión que la identifica como “MARIA BLASA RAMIREZ“ porque es quien más se acerca a sus características.

Versiones de otros investigadores apuntan que BLASA  es otra persona distinta a LESMICHIMIA y murió el 11 de noviembre de 1955.  Porque a BLASA RAMIREZ  no se reconoció marido ni tampoco hijos. Lo que no concuerda con la narrativa  de Andrés Eloy Blanco, coincidiendo solo en sus travesías, aunque algunas referencias exponen descendencia  sostiene ESPINOZA MARIN.

No termina  aquí la controversia, porque PAULINO DURAO, investigador de la Universidad de los Andes habló con ARACELIS RAMIREZ, vecina de Chachopo y concluyó que debería estudiarse la posibilidad de que Luz Caraballo pudiera ser un personaje del caserío LA VENTA llamada CONCHITA ARAUJO, LESMICHIMIA, MARIA BLASA, o cualquiera que se haya llamado La loca Luz Caraballo, vivió en la época de la lucha por la independencia de Venezuela y tomó partido por los patriotas.   Cuenta la leyenda que entre riscos y ajetreos andaba por esos farallones. Ella señala la ruta contraria, engañando a los españoles , para que no siguieran a Bolívar en su cruce por Los Andes.

El poema “PALABREO A LA LOCA LUZ CARABALLO”  está incluido en el libro  de Andrés Eloy Blanco, “LA  JUANBIMBADA”, fechado en 1936.

(*)Leyendas populares de Venezuela
Porlamar, 2 de julio de  2014.
Transcrito por Guillermo Sáez Álvarez



PALABREO DE LA LOCA LUZ CARABALLO...
de Andrés Eloy Blanco

De Chachopo a Apartaderos
caminas, Luz Caraballo,
con violeticas de mayo,
con carneritos de enero;
inviernos del ventisquero,
farallón de los veranos,
con fríos cordilleranos,
con riscos y ajetreos,
se te van poniendo feos
los deditos de tus manos.

La cumbre te circunscribe
al sólo aliento del nombre,
lo que te queda del hombre
que quien sabe donde vive;
cinco años que no te escribe,
diez años que no lo ves,
y entre golpes y traspiés,
persiguiendo tus ovejos,
se te van poniendo viejos
los deditos de tus piés.

El hombre lleva en sus cachos
algodón de tus corderos,
tu ilusión cuenta sombreros
mientras tú cuentas muchachos;
una hembra y cuatro machos,
subida, bajada y brinco,
y cuando pide tu ahínco
frailejón para olvidarte
la angustia se te reparte:
uno, dos, tres, cuatro, cinco.

Tu hija está en un serrallo,
dos hijos se te murieron,
los otros dos se te fueron
detrás de un hombre a caballo.
"La Loca Luz Caraballo"
dice el decreto del Juez,
porque te encontró una vez,
sin hijos y sin carneros,
contadito los luceros:
... seis, siete, ocho, nueve, diez...



LOCURA Y CHOCOLATE,

el chocolate y Venezuela...

Comer chocolate puede tener una influencia importante sobre el estado de ánimo, por lo general conduce a un aumento de sensaciones agradables y una reducción de la tensión…
Peter Rogers, Ph.D.,
Institute of Food Research



Enviado por: Manuel Taibo 

Nos cuenta Don francisco Herrera Luque:

En el año de 1660, de acuerdo a lo estipulado en la Paz de los Pirineos que puso fin a la guerra entre España y Francia, el rey Felipe IV, quien para la fecha no tenía hijos varones, casó a su hija María Teresa con su sobrino Luis XIV de Francia. No era muy agraciada la princesa, como se colige de esta conversación del Rey Sol con su ministro Mazarino, al verla llegar a la isla de los Faisanes. Luis XIV: (Disgustado)

- ¡Vaya birria la que me habéis conseguido por mujer! Enana más que baja y redonda como un tonel…

Mazarino:

- Y tonta como perdiz… Pero bien lo dijo vuestro abuelo Enrique IV: “París bien vale una misa.” Os costará trabajo catar las golosinas de vuestra real consorte, pero el imperio español os vendrá de herencia apenas muera vuestro tío y suegro, el rey Felipe IV.

Luis XIV:

- Las cosas que han de hacer los que ofician de cachirulos.

La reina María Teresa: (Voz aguda e infantil)

- Luis, Luisín, al fin te veo, vida mía.

Mazarino:

- Perdonad Majestad, pero vuestro real esposo es éste…

Luis XIV, que era hombre de muchos recursos, supo bandearse lo mejor que pudo con la infanta María Teresa, quien además de andar rodeada de frailes y enanos, tenía particular pasión por el chocolate; y en especial por el de Chuao. Esa tarde el Rey Sol entró a sus habitaciones. La reina merendaba con una humeante taza del aromático brebaje.

Luis XIV:

- ¿Qué es ese raro brebaje negro que vuestra Majestad paladea con tanta fruición?

María Teresa:

- Probad, Lucho y decidme qué os parece. Es chocolate de una provincia nuestra llamada Venezuela.

Luis XIV: (Silabeando)

- Ma-ra-vi-llo-so. ¡Simplemente maravilloso! ¿Cómo es posible que yo por tanto tiempo me haya privado de algo tan exquisito? (Brusco) Racine, probad de inmediato y componed una oda en honor al chocolate de Chuao.

La afición de Luis XIV fue tan grande y manifiesta que cuando no desayunaba con cacao de Chuao montaba en divina cólera. Como es de suponer, la real afición fue sucedida por general imitación de la corte francesa, pasando a los burgueses y al pueblo llano. Como Francia era el país hegemónico de Europa, el hábito de consumir chocolate se extendió a todo lo largo y ancho del Viejo Continente. Al punto que la fanega de cacao que hasta entonces vendíamos a 80 reales subió bruscamente a 160, el año de 1665, en que murió Felipe IV de España. La exportación que andaba por las 5.000 fanegas subió hasta 23.000, cotizándose hasta 320 reales la medida.

La riqueza cayó sobre la hasta entonces paupérrima provincia y, al igual que ahora, nos sumergimos en una política consumista que le hacía exclamar a la gente:

- ¡Viva la reina María Teresa y el cacao de Chuao!

La suerte, sin embargo, le jugó una mala pasada al Rey Sol. Al año justo de su matrimonio, la reina de España, Mariana de Austria, le dio a Felipe IV un hijo varón. Con lo que se esfumaba la posibilidad de que Luis XIV heredase el imperio español.

Mazarino:

- Os traigo buenas nuevas, Majestad. Vuestro real cuñado no es un niño.

Luis XIV: (Malhumorado)

- ¿Qué es entonces?

Mazarino:

- Un aborto que berrea… un engendro abominable, nadie le da un año de vida.

Luis XIV:

- Buenas nuevas me traéis. ¡Bridemos con chocolate!

El real engendro no murió como se pensaba y al cumplir los trece años fue coronado con el nombre de Carlos II.

Mazarino:

- Es retrasado mental, sufre de alferecía y les tiene aversión a las mujeres.

Luis XIV: (Benévolo)

- Todavía no tiene edad…

Mazarino:

- Vamos, Majestad, que a la suya vos ya hacíais y deshacíais.

Mazarino:

- Majestad, vuestro real cuñado ya ha cumplido los veintidós…

Luis XIV:

- Y a mí qué me viene que tenga cien…

Mazarino que es cada vez más torpe y rechaza a las mujeres. Ha dicho públicamente que dará de puñaladas a quien le ofrezca una amante…

Luis XIV: (Indiferente)

- Seguramente quiere llegar virgen al matrimonio.

Mazarino:

- Pues de eso mismo deseaba hablaros. Los consejeros de la corona de España insinúan que vuestra sobrina María Luisa de Orleans case con él.

Luis XIV: (Soltando una carcajada)

- Ahora sí la pusimos buena, que el adefesio de mi cuñado case con la potranca de María Luisa que hace la toma de La Rochelle en treinta y dos partes.

Mazarino: (En tono de reconvención)

- Vamos Majestad… más consideración con la que ha de ser vuestra cuñada.

Luis XIV:

- ¿Y si lo hace reaccionar la muy endemoniada como lo hizo con el Duque de Nesle, a pesar de sus ochenta años?

Mazarino: (Socarrón)

- No hay cuidado, Majestad, es mula probada.

Luis XIV:

- ¿Y qué haréis con el adminículo extraviado? Bien sabéis lo celosos que son los españoles sobre el particular.

Mazarino:

- Tranquilizaos, Majestad. En esta casa al igual que en Venezuela se cosen, se bordan y se forran caireles.

El terror cunde entre los consejeros del Rey de España. Con real dispensa del Cardenal de Toledo el Rey, antes de su matrimonio, ha inventado practicar el himeneo con resultados totalmente negativos.

En 1680, diecinueve herejes fueron quemados vivos en honor de los reyes, en el día de sus esponsales. La enfermedad del rey continuó, a pesar de los exorcismos, dando paso a una florida esquizofrenia. Luis XIV acecha. Los españoles desesperan. Descubren la treta de Mazarino. María Luisa, en la flor de la edad, muere misteriosamente. Los ciegos —que eran el correo del pueblo— insisten en que ha sido envenenada. Nuevo matrimonio del Rey en 1690. Ningún resultado. Carlos II —como diría Marañón— es el último eslabón de una larga cadena de miserias. En 1699 muere el Hechizado. Luis XIV reclama sus derechos sucesoriales e impone en el trono de España a su nieto. Felipe V será su nombre. Con él se inicia la dinastía de los Borbones, que llega hasta Felipe VI.

Con él toman un giro distinto las relaciones entre la Metrópoli y sus provincias de ultramar. La América Hispana dejará de ser una prolongación de la Península para ser simplemente colonia, lugar de explotación. Con la muerte del Rey imbécil, parece mentira, Hispanoamérica y con ella Venezuela se va divorciando de España. A veces la inteligencia no es buena política.

Enviado por: Manuel Taibo 



viernes, 1 de agosto de 2014

UN PASEO POR EL ÁVILA,

o por el eterno Guaraira Repano


Para aquellos que leen por primera vez estas historias, voy a contarles que desde muchacho ya conocía todos esos caminos, y quien no los conoce se encuentra con muchas sorpresas.



Por: Guillermo Sáez Álvarez

La primera vez que transité por ellos nos acompañaba como guía el hermano Lanz, del Colegio San Ignacio de Loyola. Yo tendría como máximo 12 años. El hermano Lanz fue mi profesor y siempre subía tocando su flauta. Era chiquito y gordito, pero tenía una gran resistencia.

Varios años después los paseos eran con mis amigos, el mayor de los cuales no llegaba a 20 años. Voy a contarles la ruta que seguíamos para aquellos que se animen, aunque es probable que con el tiempo hayan cambiado muchas cosas.

Una tarde salimos Onzalo a quien le decíamos pata de borracho, Arévalo a quien apodábamos El Colombiano, Peñaloza (a) media jarra y por supuesto, este servidor. Onzalo nos había dicho que esa noche podíamos dormir en casa de unos amigos que criaban ganado vacuno, para continuar al amanecer.

Les hablaré con lujo de detalles y paso a paso  la excursión que íbamos s emprender a ver si se animan, aunque es posible que las cosas hayan cambiado como ya dije ya que de eso hacen muchos años.

Pero ya verán que en esa montaña llamada Guaraira Repano por los antiguos pobladores, pero que la gente llama El Ávila hay bastantes sorpresas.

Lógicamente todo el trayecto hasta el Litoral Central se hace en el carrito de Fernando o sea un ratito a pié y otro caminando.

El camino que elegimos comienza en La Puerta de Caracas, llamada así porque antes de haber carretera, era la única entrada a Caracas para luego subir por el camino de los españoles. Por allí llegó Pérez Bonalde en coche, por supuesto después de un largo destierro y fue donde se inspiró para escribír su célebre poema Vuelta a la Patria de donde extraigo estas estrofas:

Caracas, allí esta, sus techos rojos/ su blanca torre, sus azules lomas/y sus bandas de tímidas palomas/ que hacen nublar de lágrimas mis ojos.

Luego de este recuerdo continuamos nuestra caminata hasta pasar por un sitio que despide un olor no muy agradable: es la Cueva de los Chivos, nombre este bautizado así por los pobladores criadores de chivos, quienes inventaron la leyenda de que los chivos enfermos, antes de morir, entraban a la cueva para esperar allí la muerte. Esta leyenda era muy conveniente para ellos, que sacrificaban a los animales para vender la carne en La Puerta e Caracas, y por comodidad, lanzaban los huesos a la cueva, los cuales al descomponerse, despedían ese perfume que hiere nuestros olfatos.

Más adelante, casi entrada la noche llegamos casa del amigo de Onzalo, quien nos recibió muy amablemente, pero el único sitio para pasar la noche era un potrero abandonado, el cual limpiamos y acomodamos lo mejor posible, y cansados como estábamos, nos acomodamos para dormir .

El problema era, no lo incómodo, sino que después de media noche, el frío que no habíamos tomado en cuenta, baja a menos de 15 grados, y sin un abrigo, fue imposible, moptivo por el cual pasamos una noche de perros, caminando y trotando, con el agravante de tener que continuar nuestro camino al amanecer hasta llegar a Los Castillitos, ruinas de antiguos fortines y bastante visitado. Como de estas ruinas se ve el mar, servían de vigilancia por posible visita de piratas.

Allí descansamos un rato, y con el solcito, nos recuperamos bastante como para continuar.

Primero se pasa por Hoyo de la Cumbre, una hondonada bastante profunda, y de allí en adelante el camino es plano. Lo primero que uno encuentra es una casa bastante antigua con un gran patio para secar el café, ya que en ese sector había una hacienda del referido grano.

Seguimos nuestro camino hasta llegar a Los Venados, por donde baja un riachuelo de limpias y transparentes aguas, aptas para el consumo y nuestro sitio escogido para almorzar. Allí además de comer, nos refrescamos y recuperamos fuerzas.

Desde Los Venados puede seguirse hasta Knoche, donde están las momias del Dr. Koche, bajar a Galipán o continuar camino hasta Maiquetía. Nos decidimos por llegar a Maiquetía, y de allí hasta Macuto, darnos un baño de playa y emprender el camino de regreso Por cierto que en la playa, los ricos construían frente a sus casas, kioscos, donde por penetrar en uno, un tipo armado, obviamente un vigilante, quizás pensó que íbamos a robar sus muebles y nos llevó detenidos a la Prefectura. Por suerte, el Prefecto era Pérez Alfonzo y al yo identificarme como ex -alumno del Colegio San Ignacio y recordarle que él había sido mi profesor de teoría y solfeo, nos dejó ir aclarándome que esa gente de los kioscos también cuidaba la playa, y aunque no le creí, pues las playas no tienen dueño y son libres, no le podía contradecir.

Como nos esperaba una buena caminata en sentido contrario, aprovechamos para descansar un rato en una pensión cuya dueña era la abuela de Arévalo quien de paso nos brindó un buen desayuno.

Hasta aquí esta historia de un paseo por el Ávila de aquellos años 43-45  cuando Caracas era todavía la de los techos rojos.

Por: Guillermo Sáez Álvarez,
31 de julio de 2014.


Fotos en texto de: Ávila vertiente norte


YA VENIMOS, VAMOS A COMPRAR PAN,

¿quién no lo ha hecho alguna vez?...

Con razón que el dicho popular dice: "Ojos que no ven, corazón que no siente"...



Por: Luis Alberto Vegas

Fue en petare 1973, año de elecciones.

Una tarde, estando de visita en casa de Carlos Vegas y su esposa, Tibisay de Vegas, primos míos, nos invitaron a comer, pero viendo que faltaba pan nos ofrecimos para ir a comprarlo. “Ya venimos” dijimos. Y nos dirigimos a Petare ya que la panadería de la urbanización estaba cerrada.

Llegando a Petare, vimos mucha gente caminando hacia la Plaza Bolívar y recordamos que el Lorenzo Fernández andaba en plena campaña electoral. “vamos a acercarnos a la plaza, que aún es temprano” dice Carlos, “0k, vamos” le respondí.

Llegamos a la plaza y estaba full de partidarios del candidato Lorenzo Fernández. También había música y muchos carros. Seguramente se preparaba una caravana. Carlos era copeyano y muy parrandero, y nos quedamos mirando a la gente que estaba muy alegre gritando consignas. Eran como las 6.30 pm. Por cierto, no andábamos a pié. Yo cargaba mi Ford LTD.  

De buenas a primeras Carlos saca a bailar a una muchacha (hasta el momento nadie bailaba), pero parece que ese fue el detonador para que otros lo imitaran y en instantes la plaza era un bululú de parejas y yo mirando, ya que nunca he sido bailador.  Lo que faltaba era la caña, pero esa siempre aparece, pues alguien cargaba una botella de anís y le brindó un palo a Carlos y otro a mí, y al ratico no quedaba nada  “¿no hay quien venda por aquí?”, preguntó Carlos, y un carajito que estaba cerca se ofreció para comprar. Le dimos  veinte bolívares, corriendo el peligro que se fuera con los reales, pero volvió con una botella de anís y le dejamos el vuelto.

Con el revuelo de la fiesta, nos olvidamos que nuestras respectivas esposas (ya eran como las 8 pm) nos esperaban y en ese momento hasta yo estaba bailando.

De repente alguien dio la orden y se inició una caravana. Yo había dejado el carro como a 200 metros y corrimos a buscarlo involucrándonos casi empujados por los carros que venían atrás tocando cornetas. ¡Qué buena vaina!, pensé. Nos van a matar cuando lleguemos, pero paloteados como estábamos no nos separamos de la fila india de carros y fuimos a tener a Sabana Grande. (Veo el reloj y ya son las 10 PM) y habíamos salido a comprar pan a las 6 de la tarde.  ¡Y todo por culpa del irresponsable de Carlos¡

Al fin, cuando íbamos por la avenida Casanova logré  separarme cuando casi llegando a Chacaíto para dirigirnos a Petare Carlos me dice: “párate un momentico aquí para comprar algo”. Estaciono el carro y lo veo entrar a una casa. ¿Pero qué hace ese loco?... Era nada más y nada menos que una zona de burdeles…. A duras penas logré sacarlo de allí cuando ya varias mujeres nos caían encima… “ven mi amor…para que veas lo que es bueno”, nos decían.

Cuando logré sacarlo eran más de las 12 m. y al fin llegamos a Petare consiguiendo a unas mujeres furibundas y preocupadas por vernos vivos, aunque ya alguien conocido les había dicho que en la plaza de Petare había fiesta y Tibisay, conociendo a su marido, y sabiendo que era copeyano tranquilizó a María, mi señora, quién de no haber sido por los antecedentes de parrandero que tenía Carlos, me mata.

Aquella noche nos acostamos sin comer.

Por: Luis Alberto Vegas,
1° de Agosto 2014.