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sábado, 12 de julio de 2014

MIGUEL ÁNGEL,

o un pan de jamón especial...


...el pan de jamón nació en Caracas. Fue creado por Gustavo Ramella en su panadería ubicada de Gradillas a Solís en diciembre de 1905...



Por Guillermo Sáez Álvarez

No voy a hablar del genio del Renacimiento Italiano.  Voy a hablar de mi hijo Miguel Ángel.  Sin embargo, dada la admiración que siento por el gran pintor y escultor, bautizamos al ´menor de mis hijos con dicho nombre. Habíamos pensado también en Leonardo, pero finalmente nos gustó más Miguel Ángel.

En mis escritos he hablado de mi abuelo, de mis tíos, de mi cuñada Minina, de mi hijo Héctor y sus brujitas, de amigos, y en fin de mucha gente, pero me había olvidado hablar del que tengo tan cercano, de cómo se preocupa por nosotros, y que por cierto tiene muchas historias al cual más interesante.

Recién mudados para Los Rosales, Miguel Ángel tenía 11 años. También estaban Héctor y Guillermo  de los varones, y Yazmín y Maigualida.

Estaba escrito que allí comenzarían sus travesuras y se pusieron a jugar con fósforos y triquitraques, cosa que disgustó a los vigilantes que los regañaron de forma altanera porque los niños podían quemar el edificio…imagínense…La verdad es que los vigilantes eran bastante soberbios y patanes y tuve que ponerlos en su lugar, es decir, al más grosero le di unos golpes ; nos citaron, aclaré el  asunto, y al poco tiempo el tipo se murió… pero no por mi culpa, se murió de un infarto.

Miguel Ángel, adolescente aún, con unos 12 años, siempre me pedía la llave del carro según él, para lavarlo, pero aprendió a manejar y se iba a pasear hasta que un día se me apareció todo asustado. Era que había chocado a un vecino de la otra calle y se dio a la fuga, siendo perseguido por éste, teniendo yo que salir a dar la cara, pagar los daños, y siendo el señor muy decente, terminamos siendo amigos.

Los años fueron pasando y él estudiando en el Colegio Las Acacias. Hizo amistad con los Hare Krisna y terminó empatándose con la hermana de su maestro espiritual, una muchacha de profesión abogada y terminando separándose de ella. Cada uno por su lado.

Lo cierto es que siendo libre y dueño de su destino, quizás alentado por sus amigos de la religión, y en compañía de algunos de ellos comenzó a viajar a La India, o sea, ahí mismito, y regresar cargado con un baúl de ropa hindú que gustaba mucho a las damas, pues no eran trapos cualquiera, era ropa muy pintoresca, de bellos colores y suaves telas que se pusieron rápidamente de moda. De eso hace más de 20 años y el negocio no era malo, pues hizo varios viajes, con escala en Frankfurt, regresando siempre con un baúl de ropa. De sus viajes me cuenta que por la época del año, el calor era tanto, que dormían con la ropa mojada para soportarlo. Me olvidaba decir, que Elena y yo ya estábamos en Margarita, en la casa de una hermana donde vivimos varios años, hasta nuestra mudanza a La Arboleda.

De los trapos puedo decir, que como aquí todo es moda, la fiebre por la ropa hindú se fue enfriando hasta desaparecer. Es necesario contar que M.A. hizo 20 viajes a la India, hasta 2 veces al año. En una ocasión, estando en la inmensa ciudad de Calcuta, el taxista que lo llevaba se extravió en esa intrincada red de calles y callejuelas, aún siendo nativo de allí. Al final reencontraron el camino correcto y llegaron al hotel donde se hospedaba.

En busca de nuevos rumbos, en compañía de su esposa y con una hija recién nacida, logró una concesión en el Aeropuerto Santiago Mariño en Porlamar para instalar un café y pastelería. Corría el año 1992. El local que le asignaron era pequeño (apenas cabían 2 personas). Con el transcurso de los años logró que le asignaran un local más grande y bien ubicado (frente a las principales líneas aéreas) y con suficiente espacio para colocar mesas para los clientes.  Con 2 turnos y 15 horas de trabajo al día, el negocio ha sido exitoso y rentable.

Pero no satisfecho aún, fue adquiriendo los utensilios necesarios para hacer él mismo los pasteles, sándwiches y otras golosinas que, con excepción del café, tenía que adquirir, con menos calidad y menor ganancia.  Es más, aún sabiendo de cocina, hizo un curso de chef pastelero y estar profesionalmente preparado para dirigir exitosamente el negocio que llamó “CAFÉ EXPRESS

Como cada año, por navidad, la gente le pedía pan de jamón, y sabiendo que el que expenden en panaderías no tiene la suficiente calidad, y teniendo la receta que había aprendido en su curso de chef, de un profesional venezolano que se sabía todos los secretos de la cocina venezolana, decidió hacer él mismo un pan de jamón  que se convertiría  en el mejor pan de la isla.  Aquí debo hacer un alto para hacer una aclaratoria absolutamente indispensable. En este mismo BLOG aparece un link a RECETAS DE DOÑA MARTHA, de comida venezolana famoso desde hace años y lo prueban la gran cantidad de mensajes que recibe de todas partes pidiéndole las recetas de hallacas y pan de jamón; allí se publican dos: la muy humorística de Claudio Nazoa y la muy formal de Armando Sacanonne y ambas deben ser maravillosas.

La intención cuando hablo del pan de jamón de Miguel Ángel  no es competir con quien ya es famosa.  Yo promociono un  pan de jamón que fabrica mi hijo  con su propia receta muy profesionalmente y de calidad muy superior al que venden en las panaderías de margarita, tiene una clientela fija y nombre propio: “ El pan de jamón de Miguel Ángel”.  Divino, amigo J.W. (y con la receta a la orden de Doña Martha).

La hallaca es otra cosa. Año  tras año nos reunimos precisamente en casa de mi hijo con la respectiva cervecita o el Wiski, y como la hallaca se hace en grupo, a cada uno se le asigna un trabajo: el que limpia las hojas y las corta, el que hace las bolas, el que aplasta la masa, el que pone la ración de guiso, el que las amarra que por cierto siempre soy yo, graduado en la universidad de la vida y hecho todo un experto.  Nota importante: las hallacas de Miguel Ángel son vegetarianas, y cualquiera se come la coba de que la “carne” es verdadera. En mi casa hacemos, con la receta de mi mamá heredada de mi abuela las tradicionales y de eso se encarga mi esposa quién es de Zaraza. (Me refiero al guiso).

Ojalá que esta breve historia haya gustado a
los lectores que nos hacen el favor de leernos
.

Por Guillermo Sáez Álvarez,
julio 2014.


LA TRAGEDIA DE DON CHUCHO,

o un pastoreño de fin del siglo antepasado…


El Hombre es lo que importa. El Hombre ahí, desnudo bajo la noche y frente al misterio, con su tragedia a cuestas, con su verdadera tragedia, con su única tragedia... La que surge, la que se alza cuando preguntamos, cuando gritamos en el viento. ¿Quién soy yo?
-León Felipe-



Enviado por: Manuel Taibo.

Nos cuenta Don Francisco Herrera Luque:

Don Chucho era un pastoreño de fin del siglo antepasado pasado, a quien alcancé a conocer en mis mocedades. Su nombre tuvo mucho que ver con su dicha y desventura, al igual que las circunstancias de su nacimiento, ya que por venir al mundo el 24 de diciembre, y a las doce de la noche, lo bautizaron con el nombre de Redentor, dándole por apodo Chucho.

En aquella época no se conocían los arbolitos de Navidad, institucionalizados hoy, sino que era el pesebre o nacimiento, como aún se practica, lo clásico o usual. Con su Niño Jesús, San José y la Virgen, la mula y el buey, los reyes  magos.

En algunas ocasiones se hacían nacimientos vivos; es decir se tomaba un niño de pocos años para que ocupase por un rato el sitio del niño Dios, en medio del sano alborozo de los creyentes y la riada de muchachos patinadores que bajaban hacia el centro. Don Chucho, como era flaco y canijo, por varios años se le tomó para tales fines. Lo vestían con un fondo rosado de niñita, y lo metían en su pesebre:

(Mujer)

- Ay, miren qué lindo el niñito… (Llanto de niño) Pobrecito, cómo será el frío que tiene el infeliz…

Pero fue tal la identidad que todas estas cosas establecieron entre Don Chucho y el Niño Dios, que llegó al punto de creer que la Navidad era cosa propia y de su tocayo. Al paso de los años se hizo quincallero, logrando una holgada posición. Su especialidad eran los artículos para Nacimientos. Desde mediados de noviembre se abarrotaba su tienda de ovejitas, estrellas de Belén, pastorcitos de yeso, aguadoras de Jerusalén y todo cuanto se necesitaba para montar un buen nacimiento.

El mejor nacimiento de toda la ciudad, y quizá el de toda Venezuela, era el que montaba en su casa de La Pastora el viejo y próspero quincallero en la sala de su casa con puertas y ventanas abiertas y entrada libre a todo aquel que quisiera curiosear.

Los muchachos visitaban el pesebre de Don Chucho no tanto por las novedades que exhibía, como por los dulces de la cojita que nos brindaba doña Eufrasia, su mujer.

Don Chucho: (Voz gruesa)

- ¡Agarren muchachos, agarren sin ninguna pena!

Muchachos:

- Gracias, don Chucho. Qué bonito está el nacimiento este año. Pero dígame una cosa, don Chucho, ¿en esa época había tren eléctrico?

Don Chucho: (Molesto)

- Claro que no había; como tampoco había el dulce que te estás comiendo. Así que te me largas por falta de respeto.

Voz de Niño: (Niño Jesús)

- Deja el mal humor tocayo, no has debido tratar así al pobre muchacho.

Don Chucho:

- Tienes razón niño Jesús, hoy amanecí con el hígado revuelto. ¡Epa, carricito, no te vayas, no ves que era pura rochela de mi parte! ¡Cómete otra panela!

Aunque don Chucho era hombre demasiado sensato y cabal, sin estar loco ni nada parecido yo estoy casi seguro de que conversaba continuamente con el Niño Jesús, de quien se creyó socio y apoderado. Los visitantes comentan:

Mujer:

- Lo que no me gustan son la mula y el buey que don Chucho puso este año. Son diez veces más grandes que San José y la Virgen.

Hombre:

- Deja la criticadera mujer y fíjate qué lindos esos cerros de aserrín y las casitas de cartón con banderas de Venezuela.

Don Chucho,

- al igual que algunos novelistas del Boom, no creía en las proporciones, ni en las limitaciones que impone el tiempo. Entremezclados con aquellos soldaditos alemanes de yeso que había antes de la guerra, había pieles rojas, bicicletas, espejos rotos, gallos embalsamados y cuanta cosa sirviese para darle colorido a su pesebre. Se puede decir que don Chucho vivía intensamente desde el día de Santa Lucía, el 13 de diciembre hasta el 6 de enero, día de adoración de los Reyes. El resto del año se lo pasaba proyectando su próximo pesebre.

Don Chucho:

- La próxima vez no voy a poner cañones…

Niño Jesús:

- Eso mismo estaba por decírtelo… no me parece bien.

Don Chucho:

- Tienes razón tocayo… lo tacharé de este pedido.

Niño Jesús:

- Otra cosa que estaba por decirte. ¿Por qué no me ponen mejor un guayuco en vez de estos fondos largos de niñita?

Don Chucho:

- Lo lamento, tocayo, pero la tradición es la tradición.

Así pasaron los años. Vino la guerra y se acabó el mundo de ayer. Con el franquismo triunfante en España cesó nuestra comunicación con la Madre Patria, acervo de muchas de nuestras tradiciones. La influencia norteamericana se hizo sentir. Vino el boom petrolero; la transculturación; las generaciones que iban y venían a los Estados Unidos; los apartamentos estrechos, sin salas amplias con ventana a la calle. Total, el pujante negocio de don Chucho se vino abajo.

La última vez que lo visité en su casa de La pastora fue hace más o menos diez años. Doña Eufemia, su mujer, había muerto. El arbolito de Navidad, al desplazar al Nacimiento, lo llevó a la quiebra. Si alguien le aconsejaba, era peor. Pero, don Chucho, tiene que adaptarse a los tiempos nuevos. Si ya nadie quiere poner nacimientos en su casa, sea porque no tiene espacio, sea por la moda. ¿Por qué no vende arbolitos de Navidad?

Don Chucho: (Sorprendido e indignado)

- ¿Yooo? ¿Cómo se imagina usted que yo voy a hacer concesiones cuando no se las hice ni a Juan Vicente Gómez? Los nacimientos representan la Patria, los arbolitos de Navidad el coloniaje mental en que hemos caído.

Don Chucho no hizo caso. Daba lástima ver los cuartos de su casa repletos de reyes magos cubiertos de polvo. Parecían obreros en marcha de paro. Las ovejitas se cubrieron de mugre y las estrellas de Belén perdieron su brillo. Don Chucho, antes tan próspero y gran señor, tuvo que irse a vivir en casa de uno de sus hijos, un muchacho educado en los Estados Unidos que nada sabía de nuestras tradiciones. Tenía un retrato de Lincoln en su escritorio, un arbolito de Navidad en la sala y una mujer que se hacía llamar Coromotho, aunque fuese nacida en Cabimas y más criolla de estirpe que el pan de hallaquita.

Coromotho detestaba a don Chucho porque no hablaba inglés y era un inútil. Aquella tarde decía con aquel espantable acento de película doblada: en los Estados Unidos los viejos no molestan a nadie. Se les mete en un asilo y listo.

Don Chucho respiró grueso al oír estas palabras tras de la puerta y pensó con más tristeza que nunca en su próspero negocio de La Pastora. Si hubiese tenido cuatro centavos se hubiese largado en ese mismo instante; pero pobre y viejo ¿A dónde ir? Por eso decidió hacer la vista gorda ante las agresiones de la nuera, tratando de pasar inadvertido o amoldándose a sus dichos y caprichos. El día en que trajeron el arbolito de Navidad, don Chucho sintió un extraño malestar, aumentando su desazón en la medida que las paredes se fueron cubriendo de Merry Christmas y de imágines postales del gordo San Nicolás, a quien detestaba con toda su alma. Faltaban dos días para Navidad. Coromotho preparaba una estupenda cena para los amigos de la compañía. Habría pavo a la Mayflower, dulce de nueces y avellanas, y de milagro, hallacas. Discutían en la mesa los últimos detalles, cuando Coromotho, al reparar en el aspecto obeso de don Chucho y su nariz rojiza, tuvo una ocurrencia.

Coromotho:

- Papi se vería fine vestido de San Nicolás. ¿No les parece, chicos?

Varias voces:

- Sí, sí… se vería de lo mejor; que abuelo haga de San Nicolás.

Faltan diez minutos para las doce de la noche. Don Chucho termina de vestirse de San Nicolás. Abajo se oyen risas y carcajadas en lengua extraña. En vez de aguinaldos la casa rebosa de canciones muy hermosas, pero extrañas. (Canciones de Navidad) Cuando escuche el Jingle Bell deberá bajar a la sala y decir con alegría Merry Christmas. (Comienza el Merry Christmas) Don Chucho se mira con infinita tristeza ante el espejo.

Don Chucho:

- Parezco un mismo pomarrosa. Las cosas que tenemos que hacer los viejos.

(Suena el Jingle Bel y la voz de Coromotho en la distancia.) Coromotho:

- Papi… papi…

Don Chucho:

- Sea (Sofoca un sollozo).

Don Chucho se cala el gorro de San Nicolás. Se siente traidor al divino ausente. (Golpes en la puerta).

Una voz:

- Que se apure, don Chucho, que abajo lo esperan.

Don Chucho:

- Ya voy, ya voy… Perdóname, niño Jesús por este sacrilegio.

Niño Jesús: (A su espalda) 

- ¡Que te perdone de qué?

Don Chucho: (Asombrado)

- Pero, Niño Jesús, mírame como me han puesto…

Niño Jesús: (Subversivo)

- Pistolo que tú eres, tocayo, quítate esos trapos y vente conmigo…

JINGLE BELL

Enviado por: Manuel Taibo.



martes, 17 de junio de 2014

LA NAVIDAD DE HOY,

un negocio millonario...




Por: Guillermo Sáez Álvarez

Anoche, 31 de diciembre de 2012, a eso de las 10 pm. , sentado en un rincón para descansar del bullicio de la fiesta, me puse a observar el arbolito adornado de luces, bolas, bolitas, lazos, juguetitos, y un sin fin de objetos y recordé aquella frase que en tono de broma, usamos cuando vemos a alguien, frecuentemente a una mujer, demasiada recargada de joyas y vestida en forma muy llamativa y decimos: "Parece un arbolito de Navidad".

Estábamos en casa de una hija, y en mis reflexiones pensé: ¿Cuánto habrá gastado para adornar dicho arbolito? ¿Y si multiplicamos todo eso por miles de miles de millones? Imposible hacer un cálculo, pero sí llegué a una conclusión: la navidad es un gran negocio. Es la fiesta del consumismo, pues el arbolito es solo una infinita parte de un gasto colosal, y solo una pequeña muestra de  la penetración que las grandes empresas capitalistas de todo el orbe, a través de su gigantesca red  publicitaria que incuba en nuestras mentes el virus del consumo, aprovechando, por supuesto, las inocentes y fácilmente conquistables de nuestros hijos.

Y entre un pensamiento y otro, inevitablemente hice un viaje al pasado. Aquel pasado lleno de nostalgias, cuando el nacimiento no había sido reemplazado por el arbolito, cuando el niño Jesús nos dejaba el regalo debajo de la cama hasta que descubrimos que eran nuestros padres. Una mentira, pero una hermosa mentira, hasta que fue reemplazo por Papá Noel o Santa Claus por supuesto, en sus renos. Todavía  hay por ahí alguna viejita, que en algún rincón de la casa, y con mucha imaginación, hace su nacimiento, y aquí vuelvo a recordar a Aquiles Nazoa cuando habla de ellos más o menos así:

- "Mucho papel de periódico pintado, una colina y en lo alto la Virgen, el Niño, la mula y el buey. Figuras de barro. El niño Jesús más grande que el buey, caminos y veredas, de repente un tren o un policía, ovejas, un espejo simulando una laguna y maticas sembradas por aquí y por allá Hasta había en Caracas un nacimiento mecánico que era la atracción de niños y adultos.”

Y los aguinaldos como este.

Tun, tun,

¿Quién es?
Gente de paz.
Abranos la puerta
que ya es navidad.

Que venga el comisario
primero a averiguar
si son personas de orden
o quieren perturbar.

Tun, tun...

Si es que ha nacido el niño
pues váyanse a Belén
que yo desde mi cama
les doy mi parabién.

Tun. tun...

Me están robando el sueño
me arruinan la salud
no quiero trasnocharme
porque nació Jesús.

Tun, tun...

No quiero abrir mi puerta
molesten más allá
que el diablo se los lleve
y a mi déjenme en paz.

O aquel que decía: 

Niño lindo ante ti
me rindo, niño lindo
eres tu mi dios.
Niño lindooo ante
ti me rindo, niño lindo
eres tu mi dios....

Esa tu hermosura,
ese tu candor, el
alma me roba, el alma
me roba, me roba el amor...

Niño Lindo....

Con tus ojos lindos
Jesús mírame, y solo con
eso y solo con
eso, me consolare...

Niño Lindo....

La vida bien mío
el alma también, te
ofrezco gustoso,
te ofrezco gustoso
rendido a tus pies...

Niño Lindo....

Adiós tierno infante
adiós niño adiós
adiós dulce amante
adiós niño adiós...

Niño Lindo...

Estoy en mis cavilaciones, cuando de repente se acerca mi esposa con una copa llena de uvas y me dice:

- “No te las comas todas de una vez que aún faltan 20 para las doce, son una para cada mes… ¡Ya párate!, ¿No vez que todo el mundo está bailando?”

Después de los abrazos y el feliz año nuevo, cuando todo volvió a la calma, recordé algo, y llamé a mi esposa y algunos más y les dije:

- “Ahora, tomémonos de las manos y recemos un Padre Nuestro por la salud de  nuestra Familia”.

Ya de regreso a casa, en la isla de la autopista vi unas figuras de tamaño natural: era un nacimiento y pensé:

“NO TODO SE HA PERDIDO”.

Por: Guillermo Sáez Álvarez,
1 de enero de 2013.