sábado, 12 de julio de 2014

LEYENDAS DE MI PAÍS:

La Sayona, El Silbón y La Llorona...


En Venezuela abundan muchas cosas buenas. Abundan las maravillas, el excelente clima, la belleza, y el espíritu alegre del venezolano; los caminos mágicos llenos de leyendas antiguas que han trascendido de generación en generación. Leyendas que a pesar de su antigüedad no han perdido la capacidad de aterrorizar a más de uno.
De: @Culturizando



Publicado en VARIEDADES
el 28/08/2013

Venezuela está llena de leyendas por doquier, sobre todo en en interior del país. La mayoría de los venezolanos en algún momento de su vida, habrá escuchado o habrá de escuchar alguna historia que tenga que ver con alguno de estos personajes que lograron convertirse en patrimonio cultural de nuestros llanos.

LA SAYONA

Una de las leyendas más famosas de Venezuela, La Sayona, la mujer que cualquier hombre jamás se querrá encontrar a solas ni acompañado. Normalmente se le aparece a hombres que le son infieles a sus parejas y se van de fiesta por ahí.



Se cuenta que la mujer tiene una figura de una mujer delgada, alta, de uñas largas y muy elegante, es considerada como una señal castigadora y reprobatoria de la mala conducta e infidelidades cometidas por los hombres.

Esta leyenda originaria de los llanos, data de la época colonial; sin embargo, todavía se escuchan cuentos de personas asegurando que han sido interceptados en algún camino por esta espantosa mujer.

Otras versiones dicen que la intención de La Sayona es atraer a los hombres hasta el cementerio, sin que estos puedan verle el rostro, con la intención de aterrorizarlos al descubrir que han estado caminando en compañía de una calavera. La Sayona tiene la particularidad de “desdoblarse”, esto quiere decir que puede presentarse como un perro, un lobo o como la mujer antes descrita.

EL SILBÓN

Se cuenta en los llanos Venezolanos que hace tiempo un joven asesinó a sus padres. Por este crimen atroz está condenado por siempre a cargar un saco con los huesos de sus progenitores y a asustar a la gente silbando una serie de notas características y haciendo sonar los huesos. Nunca se sabe dónde está porque, si su silbido se oye lejos es porque El Silbón está muy cerca y si se oye cerca, el fantasma ya está lejos. Algunos dicen que aquél que escucha el silbido, está oyendo el anuncio de su propia muerte. La narrativa dice que es un hombre alto y delgado que mide como seis metros.



La descripción que presentan quienes lo han visto y escuchado; dicen que es la de un hombre desproporcionado, muy alto, que camina sobresaliendo por encima de la copa de los árboles emite un silbido espeluznante y lleva un costal lleno de huesos que los hace sonar como una matraca de Semana Santa.

La leyenda dice que el Silbón es el ánima en pena de un hijo que mató al papá y le comió la asadura (o sea el hígado, el corazón y el bofe). El muchacho fue criado toñeco (mimado), no respetaba a nadie. Un día le dijo a su padre que quería comer vísceras de venado. Su padre se fue de cacería para complacerlo pero tardaba en regresar. En vista de esto, el muchacho se fue a buscarlo y al ver que no traía nada, no había podido cazar el venado, lo mato, le sacó las vísceras y se las llevó a su madre para que las cocinara. Como no se ablandaban, la madre sospechó que eran las “asaduras” de su marido. Preguntándole al muchacho, este confesó la verdad.

De inmediato lo maldijo “pa’ to’ la vida”. Su hermano Juan lo persiguió con un “mandador”, le sonó una tapara de ají y le azuzó el perro “tureco” que hasta el fin del mundo lo persigue y le muerde los talones.

En los llanos orientales de Colombia se conoce como el silbador; se dice que es el espanto sin rumbo de un alma en pena de un hombre parrandero y mujeriego que murió solo y abandonado y busca la compañía de alguien que cabalgue a deshoras de la noche por los senderos de esta llanura.

Otros dicen, que persigue a las mujeres en estado de embarazo; este silbador emite un silbido largo y agudo que penetra por los oídos y al mismo tiempo se siente un frío intenso que congela a las personas. Hay la creencia de que cuando silba bien agudo es una mujer que se va a morir; pero si por el contrario el silbido es grueso, es un hombre o un amigo el que muere.

LA LLORONA

Cuenta la leyenda que la Llorona es el alma en pena de una mujer muy jovencita que tuvo amores con un soldado. De esos amores quedó embarazada de una niña, a la cual dio a luz. El soldado la abandonó y ella, como no tenía idea de cómo criar a un infante, desesperada por el llanto de la niña, la mató con sus propias manos. Cuando la joven vio lo que había hecho, comenzó a llorar y a gritar fuertemente, lo que atrajo a los vecinos y familiares. Al ver lo sucedido, la maldijeron. Ella salió corriendo hacia el llano y se convirtió en espanto. Siempre está llorando, y cuando entra a los poblados dicen que llama a su hija. Se sabe que roba niños que están solos, ya sea en sus casas o en las orillas de ríos o quebradas. Por lo general, se la oye llorar en tiempos de Semana Santa.



Según otras versiones, la Llorona fue una muchacha joven que vivía en un pequeño pueblo de los llanos venezolanos. Esta muchacha cada vez que daba a luz a un hijo lo mataba sin piedad. Le confesó todo al sacerdote que vivía en su pueblo, añadiendo que no sentía ningún remordimiento por lo que había hecho.
El cura notó que estaba embarazada de nuevo y le dijo a la muchacha que cuando tuviera a su hijo le diera de mamar antes de matarlo, y así lo hizo; tras darle leche materna lo mató, pero se activó su instinto maternal, haciéndole sentir una gran culpabilidad. Desde entonces, vaga por los campos llorando de dolor, buscando a sus hijos y asustando a todo el que se le atraviesa en su camino.

Se la representa como una mujer joven, con una larga cabellera morena y la piel blanca. Lleva una bata blanca larga y encima otra bata de color negra con capucha, y suele portar un bebé en los brazos. Llora y grita diciendo “¡Mi hijo, mi hijo!”.

A veces, las madres castigan y asustan a sus hijos diciéndoles que si las desobedecen, la Llorona vendrá a buscarlos y asustarlos por las noches.



La diferencia entre la Llorona y la Sayona es que esta última normalmente solo se viste de blanco, tiene ojos rojos y colmillos que parecen de león. Asusta, mata o vuelve locos a los hombres que son o fueron infieles, no a todas las personas o niños, como hace la Llorona.

Publicado en VARIEDADES
el 28/08/2013


Creepypasta "Loquendo"
5 Leyendas Venezolanas



viernes, 11 de julio de 2014

EL COCUY DE CARLOS V,

o echonerías de los larenses...


Según la tradición larense el Cocuy de Penca era uno de los licores preferidos del emperador Carlos V… resulta improbable que esta conseja sea cierta… posiblemente son echonerías locales…



Enviado por: Manuel Taibo

Nos cuenta Don Francisco Herrera Luque:

La propaganda de un excelente cocuy larense señala que nuestra popular bebida espirituosa era uno de los licores preferidos del emperador Carlos V, quien se hacía llevar “a vuelta de carabela”.

CARLOS V, emperador Germánico,
quién reinó en los reinos hispánicos
como CARLOS I

Carlos V, rey de España y emperador de Alemania, murió en 1558. Aunque Coro, el Tocuyo y Barquisimeto estaban fundados desde hacía algún tiempo, resulta improbable que esta promoción sea cierta, por más que lo atestigüe la tradición.

Esas son echonerías de los larenses, que, como son pisapasitos, todo el mundo les cree lo que dicen. ¡Qué iba a estar tomando cocuy el emperador Carlos V!

No crean, el Águila Bicéfala le metía a la caña que daba gusto; con decirles que al despertarse a las cuatro de la mañana se empujaba un gran bol de cerveza…

Consultado sobre esta conseja, el Dr. Felice Cardot respondió con su habitual socarronería: “Yo pongo muy en duda lo del cocuy de Bobures y Carlos V, pero no dejaría de ser honroso para los venezolanos pensar que el hombre más poderoso de la Humanidad hubiese tenido veleidades por nuestra sabrosa y popular bebida.”

Eso mismo pienso yo. No deja de ser interesante imaginarse al Águila Bicéfala en el monasterio de Yuste, en donde se enclaustró tres años antes de su muerte, con una soberana rasca de cocuy diciéndole a sus cortesanos entre dos luces:

Carlos V:

- ¡Viva el cocuy de Bobures y la Santa Inquisición!

A lo mejor, decimos, aquella excentricidad del Emperador de celebrar sus funerales en vida, hasta el punto de meterse en un ataúd. Fue por obra y efecto del regio trago.

Carlos V: (Ebrio)

- Dad comienzo a la liturgia que con esta curda me estoy muriendo. (Hipo)

Cierta o falsa esta historia, es buena para echársela a los turistas. ¿Se imaginan ustedes, la complacencia de un alemán si le decimos: ¿Sabe, Herr Gutman, que este licor era la bebida preferida del emperador Carlos V?

Herr Gutman: (Emocionado)

- ¡No me diga! ¿Cómo se llama?

Criollo: Cocuy…

- Cocuy de Bobure. Écheselo de un solo lepe.

Herr Gutman: (Carraspeando)

- ¡Es fuerte! Ahora comprendo porque ustedes acabaron con mis paisanos los Bélzares! Pero es mejor que el vodka. Envíeme cien mil cajas a Hamburgo. A los alemanes les gustará; y en particular cuando sepan que con él se embriagaba nuestro Gran Emperador. ¡Brindemos por Carlos V y el Cocuy de Bobures! ¡Prosit!

A los turistas hay que tenerles una sarta de explicaciones ciertas o medio falsas sobre el significado y origen de muchas cosas, tal como se hace en todos los países, con el objeto de que tengan algo que contar. Si carecemos de monumentos, tenemos, afortunadamente, una serie de tradiciones y leyendas que ayudan un poco en aquello de “Venezuela Maravillosa”.

¡Haga suya la Maravillosa Venezuela,
tómese un cocuy Imperial!

Enviado por: Manuel Taibo



jueves, 10 de julio de 2014

LEYENDA DEL ÁNIMA DEL TAGUAPIRE,

o Francisca "Panchita" Duarte, el ánima del Taguapire


"Cuenta la leyenda que un día un llanero de la zona se sentó a descansar al píe de un árbol y le pidió al ánima que le ayudara a recuperar su ganado, a cambio él le haría un cercado de palma para que nadie la pisara..."



Tomado de: taguapire.com

Historia del Anima del Taguapire

A pocos kilómetros de Santa María de Ipire, Estado Guárico se encuentra el Hato Barrialito el cual perteneció al Señor Natalio González Hurtado.

En ese hato llegó a desempeñarse como trabajadora María Francisca "Panchita" Duarte a quien popularmente la conocen como "Mama Pancha", "Pancha Duarte" y "Anima del Taguapire"; fue una mujer bondadosa, responsable, decente y de un carácter recio que no aceptaba el tuteo como fórmula de tratamiento.

Cuentan los ancianos de la localidad y zonas adyacentes, que además de ser bondadosa era una excelente partera (comadrona, como las llamaban antes).

Se dice que murió de paludismo, desconociéndose el día y año exacto de su muerte y que cuando la llevan a enterrar el caudal del río les impidió atravesarlo, por lo cual tuvieron que colocar el chinchorro donde la llevaban debajo de un árbol de Taguapire.

Al día siguiente cuando ya el río les permitía proseguir el camino no pudieron movilizar el cadáver porque éste estaba tan pesado que decidieron enterrarla al pié del árbol.

- De ahí que al ánima se le conoce como Anima del Taguapire.

Cuenta la leyenda que un día un llanero de la zona se sentó a descansar en el árbol y le pidió al ánima que le ayudara a recuperar su ganado, a cambio él le haría un cercado de palma para que nadie la pisara.

El milagro se cumplió y el hombre no pagó su promesa, por lo que el ánima se manifestó a través de una aparición, causándole un gran espanto.

Para compensar su falta, el llanero mandó a construirle un túmulo de ladrillos en el sitio donde fue enterrada, el cual vino a constituir el inicio de lo que es hoy día la Capilla del Ánima del Taguapire.

Desde ese momento, cada viajero y visitante de la región hace su parada en éste lugar para pedirle al ánima milagrosa que le ayude a resolver sus angustias.

Oración del Anima del Taguapire

"Tú que moriste al píe de un Taguapire y cumpliste muchos milagros yo te pido te imploro que me resuelvas y así estar en paz con mi alma en paz espiritual y materialmente.

Yo espero tu gracia y tu iluminación para seguir en este mundo de tortura concédeme la gracia."

Se reza un "Padre Nuestro" y un "Salve a Francisca Duarte"

Se prende una vela corriente, tener fe y no desesperarse. Ruega con ejercicio así que lo preparaste.

Ubicación del Santuario Anima del Taguapire

La Capilla del Anima del Taguapire, es un santuario de devoción religiosa ubicado en el estado Guárico a la orilla de la Carretera Nacional, a tres kilómetros  de la  población de Santa María de Ipire, en la vía que lleva a Pariaguán. Estado Guárico, en Venezuela.

Tomado de: taguapire.com


LA PIEDRA MÁGICA,

o cuando lo absurdo es la ley...



El objeto en cuestión tiene la apariencia de una piedra como podéis ver en la foto, pero claramente no es cualquier piedra, es “LA PIEDRA”… De ella y con sus predicciones depende el futuro de todo un pueblo…






Pot: J.W. de Wekker Vegas


En estos días, viendo un micro en la TV escuche la siguiente anécdota que resume muy bien lo que pasa en nuestra América hispana... la anécdota narraba algo como esto:

En una isla del Caribe, cuyo nombre no viene al caso, existe una piedra que es denominada por los lugareños "Piedra Mágica"...

Es, simplemente, una piedra guindada cual hamaca entre dos horcones... los facultos en el estudio de la piedra... personas muy respetadas en la región... exponen la metodología de la interpretación del inerte objeto a los turistas que visitan el lugar...

El procedimiento es más o menos como sigue:

Se observa cuidadosamente la piedra y su contorno:

- si puedes verla y se observa una sombra fuerte abajo: hace sol y es de día...

- si la ves y no hay sombra: está nublado...

- si no la ves: es de noche ...

- si la piedra está seca: hace buen tiempo...

- si está mojada: acaba de llover...

- un polvo negro en la parte superior: erupción del volcán vecino...

- movimiento espasmódico de la piedra: terremoto o temblor..."

Como ven, no se requiere ser un gran oráculo para interpretar la piedra, más los locales no hacen nada sin consultar al consejo sacerdotal del instrumento pétreo...

Es así como todas nuestras naciones requieren de un gran Gurú para que les indique lo obvio...



"Pensamos según nuestra naturaleza, hablamos conforme
   a las reglas y obramos de acuerdo con la costumbre."

Seguimos siguiendo a mediocres que creen en mediocres... nunca más que hoy es cierto que en nuestra sufrida Latinoamérica la política es el último recurso que les queda los fracasados...


J.W. de Wekker Vegas
Abril, 1.998
Modificado Julio 2014





lunes, 7 de julio de 2014

LAS CAIMANERAS,

o, parranda de la muchachera...


...los niños llegan a sus casas, se quitan el uniforme del colegio, se colocan un short, franelilla, gomitas y pa` la calle. Igualmente sucede con los adultos. Estos dejan su traje de trabajador y se ponen ropa cómoda para una caimanera...



Por: Guillermo Sáez Álvarez

El Diccionario de VENEZOLANISMOS, escrito por Daniel Castro Puma define la palabra “caimanera” como un encuentro o competición entre amigos en donde las decisiones se toman de mutuo acuerdo. (y parece que se vale de todo y no falta la cajita de cerveza) Sin embargo, y con el debido respeto me permito diferir un poco del amigo Daniel Castro en cuanto al origen. Al sur del extremo más oriental de Cuba se abre la bahía de Guantánamo. El origen del nombre es herencia de los antiguos pobladores indígenas que a la llegada de Colón, fue recibido con frutas y pescado salado en muestras de amistad.  En 1510 llega el conquistador Diego Velásquez. En el interior de la bahía se desarrollan comunidades al municipio Caimanera, siendo el más pequeño del país. El nombre CAIMANERA se debe a la gran cantidad de caimanes existentes en la zona, por lo cual se deduce que el verdadero origen de la palabra “caimanera“ provenga de allí.

Valga esta pequeña introducción para que los jóvenes de hoy comprendan por qué hablamos de “caimaneras” cuando un grupo de muchachos nos reunimos en cualquier lugar para jugar béisbol o fútbol sin ningún motivo específico que no sea la de divertirnos y en ocasiones con la respectiva cajita de cerveza para amenizar la “caimanera”.

Cuando estudié en el antiguo colegio San Ignacio de Caracas (en aquella época era un colegio de clase media) aproximadamente por los años 39-40, cuando el colegio aún se encontraba en la esquina de Jesuitas, tenía un terreno bastante grande en la urbanización El Paraíso bastante cerca del antiguo Hipódromo, y que los curas utilizaban precisamente para jugar fútbol con todo y sotanas- por cierto que eran bastante buenos driblando- . El colegio tenía un equipo llamado Loyola con un arquero a quien llamábamos Triki, y gracias a su habilidad el Loyola ganaba casi todos los campeonatos amateurs jugando con otros equipos de la época, el Unión, el Dos Caminos, y otros que no recuerdo.

Algunas veces, los alumnos jugábamos con los curas, pero en su ausencia, invitábamos a amigos y armábamos tremendas “caimaneras” que algunas veces terminaban a golpes o cachiporrazos, pues no habiendo árbitros tampoco había orden, y cuando hablo de cachiporrazos, hablo en serio, pues las rivalidades traían consigo violencia, y cuando hablo de violencia, recuerdo cuando uno de nosotros llamado Rafael Fernández, se llevó una manopla y acabó con una caimanera, terminando de paso con los más grandes y más guapos que por su tamaño y corpulencia atropellaban a los más pequeños.

Eran aquellos tiempos de la Caracas de los techos rojos que en ocasiones se convertía en la Caracas de las cabezas rotas.

Sin embargo, olvidábamos pronto y a la semana siguiente nos reuníamos de nuevo y armábamos otra caimanera que bien podía ser de béisbol.

ERAN OTROS TIEMPOS…

Por: Guillermo Sáez Álvarez,
6 de julio de 2014.


BÉISBOL CAIMANERA, TORRE VIEJA 

Por: Carlos Ruiz




domingo, 6 de julio de 2014

EL POLICÍA DE CARACAS,

o Apascacio Mata, mi policía favorito...




Por Antonio Chalbaud. 
28 junio, 2014

Corrían los inicios de los años 70s y estaba en esa época trabajando cerca de la Iglesia de Santa Teresa, a la hora del almuerzo y lleno de calor me fui con dos compañeros a pequeño restaurant que nos habían recomendado por su calidad y buen servicio, ubicado en un pasaje entre las esquinas de Sociedad y Gradillas.

Dada la alta temperatura y como decíamos entonces, aquella “pepa de sol” del mediodía caraqueño, íbamos por la sombrita. Al llegar a la esquina de Sociedad, mientras esperábamos para cruzar la calle nos quedamos impresionados y con positivo asombro al ver la elegancia, marcialidad y sus cuidadosos ademanes para dirigir el tránsito. Era un Policía Metropolitano impecablemente uniformado y hasta de guantes blancos. El hombre era un flaco alto, muy estiradito, quien a cada elegante giro prusiano, se movía con llamativas maneras sin exagerar. Periódicamente devolvía saludos de los automovilistas o peatones con modo militar, llevando su amplia mano derecha enguantada hasta la sien y una fugaz sonrisa. ¡Todo un espectáculo!

Este extraordinario ejemplar de la policía en su rutinario laborar y la buena comida del restaurant El Congreso, nos llevaron a una nueva costumbre; la de acudir por la misma ruta todos los mediodías con una breve pausa para disfrutar del inusual hecho de un buen funcionario para el control del tránsito en el caluroso caos caraqueño, quien con sus modales, sencillez y rectitud daba buen ejemplo a la locura vehicular y peatonal. Su nombre es Apascasio Mata.

Con el pasar de los años aprendimos de él y las anécdotas que se tejían a su alrededor, muchas cosas que me llevaron a echar esta narración de aquella Caracas que ya lamentablemente no volverá.

Les cuento que en una ocasión, en 1980, detuvo a la caravana presidencial de Luis Herrera Campins, porque los escoltas de la seguridad del presidente se pasaron el alto y cuando los guardias trataron de pasar a la fuerza, nuestro buen Apascasio, con su cortesía de siempre les indicó que no podían continuar hasta que el semáforo no lo indicara para evitar un accidente y la consabida ilegalidad. Esto dio lugar a una discusión muy breve, ya que el mismísimo Presidente Herrera Campins se bajó de su vehículo y les indicó a los funcionarios que el policía tenía toda la razón, se disculpó con este y le pidió su nombre. De inmediato continuaron su recorrido rumbo al Palacio presidencial en sana paz y una salva de aplausos de los transeúntes al policía y a su actitud firme ante “El Poder”. También, es justo decirlo, se aplaudió a Herrera Campins por su reacción ante el cumplimiento de las normas. Un par de semanas más tarde nuestro personaje en cuestión, el policía Apascacio Mata, recibió de manos de sus superiores un sobre muy elegante con el escudo de Venezuela en relieve y las palabras Palacio de Miraflores. En su interior una tarjeta que le invitaba a un almuerzo con el Ciudadano Presidente Constitucional de la República. Con la sencillez característica del humilde y orgulloso policía al regresar de esta audiencia presidencial, Apascasio solo comentó que el nunca antes había comido cordero y sopa de apio; así es él.

Muchísimas anécdotas más y hasta algunas leyendas se tejieron con tan particular ser que rompía los moldes usuales de la imagen, pero aquí solo destacaré que jamás se puso en duda su gran honestidad, buenos modales, su respeto por todos los ciudadanos sin distingo de rango o clase social. Nunca ponía boletas o regañaba a los abusadores de la época y a los que infringían las normas de tránsito; solo los detenía a un lado de la calle y los aconsejaba, los instruía sobre el cumplimiento de la ley, todo ello con respeto y educación. Eso desarmaba a todo el mundo y terminaban agradeciendo su labor. Así es él.

Tan buena imagen llegó a tener que la primera Miss Universo criolla, Maritza Sayalero, cuando regresó al país y participar en un gran evento oficial en 1979, en lugar de la escolta de cadetes de la Escuela Militar, prefirió específicamente al ya Sargento Mayor Apascasio Mata. Un honor a quien de sobra lo merecía.

Fue invitado y condecorado por el Presidente Carter a visitar la Casa Blanca en Washington como huésped honorífico del gobierno de los Estados Unidos y dictó conferencias a la policía de esa ciudad.

Pasado el tiempo, el implacable tiempo, nuestro admirado y respetado buen policía pasó a retiro en 1996, luego de más de 32 años de servicio impecable, 18 de ellos en la esquina de Sociedad que ahora está sola de vigilancia respetuosa y cortés.

La bullanguera ciudad parece haberse olvidado completamente de este personaje sencillo y pulcro por dentro y por fuera, quien debe ser recordado como ejemplo a lo que debe ser un buen policía.

Prefiero dejar esta crónica hasta aquí, con la memoria de los valores que ensalzan al buen funcionario honesto. Apascasio aún vive y sigue sonriendo, como siempre lo hizo antes.

¡Que Caracas aquella, la de mis tiempos!

Don Eliseo

Tomado de:
"Mi Policía Favorito, Apascacio Mata"
por Don Eliseo


RETROCEDIENDO UN POCO EN EL TIEMPO AGREGO ESTE COMENTARIO:


Y HABLANDO DE POLICÍAS,

o Pablo Guzmán (Pablote)...


No conocí a Apascacio Mata, sin duda un excelente policía que cumplía con su deber al pié de la letra. –GSA-

Por: Guillermo Sáez Álvarez.

Pero sí conocí a Pablote, el famoso policía que cuidaba la esquina de Las Monjas en los años 40’s, y a pesar de que me llevó preso una vez que me agarré a golpes con un buhonero que me ofendió, no le guardé ningún rencor. Al contrario, conservo un buen recuerdo de él como todo aquel que lo conoció, porque cuidaba dicha esquina como si fuera suya.

Recuerdo como si fuera hoy cuando nos dijo al buhonero y a mí: “En mi esquina nadie pelea Esta noche van a dormir presos en el mismo calabozo, y del dicho al hecho, llamó una patrulla y nos mandó a la Jefatura de Catedral, y allá nos metieron, uno en cada esquina.

Yo tendría 18 años, allá por el año 1945, y me dirigía a Catia, a visitar a unas amigas vestido de flux y corbata y como no le quise comprar, me dijo algo ofensivo y aunque en ese momento no le hice mucho caso, me llevé grabada su cara. Regresé temprano y el buhonero estaba aún ahí y al verme me ofendió de nuevo con un dicho que estaba de moda, y me dijo: “Adiós, pico y pala”. Bueno, la segunda vez yo ya llevaba la espinita y le desparramé toda la mercancía agarrándonos a golpes. De repente, sentí una mano de hierro que me agarraba, haciendo igual con el buhonero y diciéndonos: “En mi esquina nadie pelea, así que ambos están presos” El resto ya lo conté.

Pablote era un moreno como de un metro noventa, y no dejaba pasar una, aunque era justo, según decía la gente que lo conoció de cerca.

Su  fama era legendaria y todo el mundo lo respetaba porque se hacía respetar y como para muestra basta un botón, aquel día, aunque en circunstancias desfavorables ya había dado la orden de que nos soltaran a las doce de la noche si nos portábamos bien. Y la orden se cumplió como él lo había ordenado, pues a la hora en  punto se apareció un policía y nos dijo: 

- “Ya veo que están tranquilitos y los voy a dejar ir si me prometen no volver a pelear”.

POR SUPUESTO QUE AMBOS RESPONDIMOS CASI A CORO QUE NO PELEARÍAMOS…. SI  HASTA NOS HICIMOS AMIGOS….

Por: Guillermo Sáez Álvarez.
2 de julio de 2014.

Nota) No he encontrado una foto del "Pablote" de los años 40's, por lo cual no se publica.


viernes, 4 de julio de 2014

LA PASTORA,

donde nacen los Techos Rojos…




Por: Guillermo Sáez Álvarez

Tengo que retroceder más de 70 años. Cierro los ojos. Las imagines se agitan como dentro de una bolsa llena de papelitos, como si hubiera despedazado un periódico y numerado cada uno  como si fuera a hacer una rifa y comienzo a ver cosas, pero sin sentido… ¡Ahhhh!, logré ver lo que parece una cara, un dedo y al fin sé que es Tiota. Sigo removiendo y veo algo que me huele a café .Me confundo yo mismo y me pregunto ¿cómo es posible oler un papel?, pero no cabe duda, es café y comienzo a entender: si, es esa infusión de esencias arábicas que sale del papel. Deben ser la cinco de la madrugada y también se debe a Tiota, la que vivió 110 años y así voy hilvanando pedacitos de un periódico con signos inmóviles de quien sabe cuándo.

He estado soñando y en ese duerme-vela donde no estoy ni dormido ni despierto y  veo una luz que se asoma tímidamente por la puerta, y es la luz de otro día. Eso significa que estoy despierto y mis fosas nasales captan…esta vez sí, el sabroso aroma.

Ya Tiota se asoma empujando un poquito la puerta con una taza en la mano con la cafeína de cada mañana. Yo tengo 12 años, pero mi vicio tiene muchos más, pero si es vicio, he vivido con él más de 80 y sé que no hace mal o no tendría la edad que tengo.

Miro el reloj y son las 6 am. Me levanto sin despertar a Elena y me dirijo a la cocina, preparo 4 tazas de café negro y me siento afuera,  viendo los ficus que se alinean en la calle No. 6  entre sorbo y sorbo.

Entonces recuerdo el sueño; no estoy en La Pastora de cuando tenía 12 años, pero tampoco en Los Rosales donde un triste día partió Tiota.  Estoy en La Arboleda donde cada día medito en ese intervalo de tiempo, mientras Elena se levanta a comenzar su rutina que se repite casi exactamente igual y la escucho hablando sola con sus pensamientos como si rezara. Ya sé que pronto tendré mi avena,  que acompaño con un cambur y café con leche.

Cuando me siento frente al monitor de mi computadora, llevo en mi mente el tema del día.  Hablaré de La Pastora, aunque lo haya hecho muchas veces, pero esta vez será diferente. Allí viví, o vivimos 20 años y yo estaba muy lejos de unirme a la fiel compañera  con la que he compartido penas , alegrías, tristezas, hijos, nietos y ahora 2 biznietas y un biznieto, los amores más recientes, y más consentidos.

Desde el sueño, cuando tenía 12  años,  hasta los 24  y Tiota, nuestra aya vivía, nos cuidó hasta que crecimos en aquella casona de Truco a Guanábano y viví la mayoría de mis aventuras, noviazgos, travesuras, excursiones, deportes y por supuesto mis estudios de primaria y secundaria comenzando por las hermanitas Calcaño, las monjas Franciscanas, el Colegio San Ignacio, el Liceo Alcázar.

Quién que haya leído mi memorias y mis cuentos no recuerda la casona de La Pastora, con sus 7 habitaciones, 3 patios, 3 tanques de agua y un segundo piso donde vivía Tiota, al que yo llamo el cuarto No. 7 y que de niños le teníamos miedo porque pensábamos que tenía algo de bruja, se sabía La Magnífica y el Credo al Revés, su cuarto estaba lleno de imágenes de santos y podía correr los aguaceros. También recuerdo que mi tío Aquilino a quien llamábamos Viejo Sáez alentaba esos miedos con sus historias y cuentos de Juan Sin Miedo y Pedro Rimales, y nos encerraba en el tenebroso cuarto para amedrentarnos.

La casona  donde salían fantasmas y yo podría jurar que vi uno. Era una mujer toda vestida de blanco que entró al baño, abrió la regadera, dejó la puerta abierta, yo me asomé…. y nada. Mi padre me asegura que también la vio.

La casona donde viví con mis tíos que se fueron casando, hasta que quedamos solo con nuestros padres y los hermanos que habían nacido.

La casona donde durante 2 años acompañé a mi abuelo al mercado de San Jacinto, hasta que se marchó de este mundo en 1939, justamente cuando comenzaba la segunda guerra mundial.

La casona donde y que había un tesoro enterrado y buscamos y buscamos sin encontrar nada. Solo tierra.  Era el supuesto tesoro del Conde de Alquiza.

Pero retrocedamos a 1931-32 a la escuela de las hermanitas Calcaño, donde estudié mis primeras letras y me enamoré por primera vez. Se llamaba María Luisita y era lo más bello de este mundo. Ella también estaba enamorada y sus padres eran ricos burgueses.  Al crecer se olvidó de mí. Ojalá haya sido feliz.

Si mal no recuerdo entré al Colegio San Ignacio por los años  33 y 34 de los hermanos Jesuitas.  Junto al Colegio La Salle eran los mejores de Caracas. Con ellos aprendí bastante, jugué fútbol y conocimos el Ávila (hoy Guaraira Repano) de extremo a extremo.

Mientras yo crecía, mis hermanas también, siendo Josefina la más bella. Por ella tuve varios pleitos y también por mi hermano Rafael (10 años menor que yo)

Cuando se habla de La Pastora, es imposible olvidar el Parque Sanabria, una urbanización de casas-quintas entre Guanábano y Dos Pilitas. Era para nosotros el sitio habitual de reunión, de hacer deporte como boxeo y béisbol, molestando de paso a los vecinos que más de una vez llamaron a la policía, pero como teníamos un sitio de escape que daba a la quebrada de Catuche, siempre escapábamos ilesos por un rincón llamado “El Mojonal” donde los gendarmes no entraban ni locos. Lo del nombre ustedes se imaginarán porqué.

He escrito muchos artículos donde hablo de la Caracas  de los 40, de El Hatillo, Los Chorros, prácticamente en ellos se resume toda mi vida y mis contactos los han leído todos. En  Mis Memorias hablo desde mi llegada a La Pastora hasta mi matrimonio en  1950.

He escrito poco acerca de aventuras sentimentales, pero antes de casarme tuve varias novias y muchas amigas, destacándose la familia Croes que fueron casi como hermanas. Tuve una novia que vivía en Barquisimeto y muchas aventuras amorosas.

Aunque no tuve estudios universitarios, aprendí mucho sobre artes plásticas y fisicoculturismo. También como dibujante de Sistemas, caligrafía y contaduría.

En la Universidad Central trabajé 4 años en la Biblioteca de la Escuela de ingeniería donde a través de Jesús Romero conocí a una de sus hermanas que fue mi novia un corto tiempo.

Tengo muchas anécdotas que he contado en mis escritos y que casi todos mis contactos conocen.


Paseo por la Ciudad colonial de caracas



Comencé hablando de la Pastora y terminé hablando de mí, pero no puedo separar mi vida en la parroquia, pues fue allí donde viví mi juventud  y la mayoría de mis aventuras. También donde conocí a mis mejores amigos y amigas. Ya La Pastora habrá dejado de ser junto a la Caracas de antes, la parroquia de los techos rojos y de aquellos amigos pienso que soy el único que aún está en este mundo.


Afortunadamente  de aquella época aún existe el CALVARIO, gracias a la reciente recuperación  de las muchas que se le han hecho a través de los años.

Ojalá ande por ahí un buen amigo con quien tuve mucha comunicación y vivimos, con 10 años de diferencia, casi las mismas aventuras.

Por:   Guillermo Sáez Álvarez,
10 de mayo de 2014



martes, 1 de julio de 2014

JOSÉ "CHEO" RAMÍREZ,

o el poeta del jagüey…


...Oyéndote Cheo ramirez yo me quito mi sombrero, cuando pintas con esmero el corazón de tu suelo, te paseas por el ritmo del pentagrama llanero por los medanos y caños, por sabanas por esteros...
Parte de un poema publicado por: Pedro Viloria

JOSÉ "CHEO" RAMÍREZ



Nació en Flor Amarilla, Municipio Guanarito, en pleno llano portugueseño. Desde niño se forjó entre las distintas  faenas del llano, siendo peón de hato y becerrero. El arreo, el ordeño, le significaban un constante contacto con la naturaleza, así fue aprendiendo y tomando de ella aquellos simples y sencillos detalles para convertirlos en hermosos versos y exquisita poesía.

Detrás de su recio semblante, que a veces contrasta con algunas de sus tiernas composiciones, lleva en si una amable y cordial personalidad. Lo conocí personalmente en uno de aquellos sencillos y concurridos homenajes que a la memoria de Luís Lozada  “El Cubiro” organizaba en su casa nuestro apreciado folclorista Germán Pineda. Aunque en realidad, a José “Cheo” Ramírez, me lo presentó mi padre cuando apenas contaba yo con algunos diez años de edad, hablándome de su lírica  y su música; porque es que  nuestro integral creador es también poseedor de un especial talento musical con el cual cobija magistralmente cada una de sus obras.

En aquella hermosa búsqueda de “El Cachalero” interpretada por su majestad Freddy Salcedo, el poeta de cimarroneras nos pinta este hermoso paisaje nocturno: “ensillo y pego la soga, salgo rumbo al lambedero, noche con luna y lucero, cabalgan junto a mi sombra”

A El Jagüey, tema que grabara y difundiera por toda Venezuela nuestra querida Reina Lucero, el poeta de Flor Amarilla, le canta: “Tengo en mi llano un jagüey, que mana el agua clarita, limpia, pura y fresquesita, bajo de un araguaney”. Allí nos brinda una enriquecedora mezcla de música y poesía.

A la mujer venezolana la enaltece cuando le declama: “eres como yo te quiero, bonita como mi llano, eres como sus bellezas, y con ellas te comparo”.

Hace ya varios años, tuve la oportunidad de grabar algunos versos de mi autoría. Para no pasar por alto aquella humilde meta alcanzada, invité a una sencilla reunión a algunos poetas y cantantes de la región a quienes he tenido el placer de conocer. Quise hacerlo en Acarigua, en casa de mis padres. Hasta allá llegó el poeta de Ojos de Candela en Marzo, con su sombrero, cantando, deleitando a los presentes con hermosas remembranzas sobre sus más reconocidas composiciones. Ya al final de aquella inolvidable velada, otro grande de la canta criolla, mi amigo “Cheo” Silva, tuvo la osadía de invitar a contrapuntear a su tocayo Ramírez. Lo que nos regalaron estos dos genuinos exponentes de nuestro folclor a quienes tuvimos el honor de presenciar aquel intercambio de versos fue, sencillamente, excepcional.

El poeta y el músico cuando son auténticos, valga la aclaratoria, llegan espontáneamente a esas almas sagradas que para mi son los niños. A mi hija Valentina, de cuatro años, una vez le canté: “este verano que viene voy a echá una castradita, pa’ que en la Semana Santa, coma la muchachadita; arroz con leche, con miel, y los buñuelos, con miel, y el majarete, con miel… miel, miel”  Emocionada me preguntó: ¿papá, quién canta esa canción tan linda? Esa es la Miel, de “Cheo” Ramírez, le respondí. Meses después, en las playas de Falcón, le decía a mi hija: “te regalo ese mar, esos manglares, esos cangrejitos; ¿te gustan?” Sí, me respondió. ¿Ahora que más quisieras que te regale? le pregunté. Y por allá, en Tucacas, donde el mar se pierde de vista, como en Guanarito el llano, sin pensarlo, Valentina me pidió: “¡quiero que me cantes la Miel de “Cheo” Ramírez!” Ahora mi hija canta: “al Jagüey de “Cheo” Ramírez, los niños deben cuidar, para que el planeta azul, siga siendo nuestro hogar”

La última vez que tuve el agrado de compartir con este valor venezolano, a quien nuestro inmortal Simón Díaz le grabó su Rosarito, fue con motivo de una agradable visita que recibí, la del insigne poeta y pintor caraqueño, Omar Cruz, quien llegó a mi hogar en compañía de mi hermano Mijail y mi compadre Alfredo Mendoza. Me dijo Omar: “quisiera oír música llanera, de la buena”. Invité a “Cheo” Ramírez. Reunidos en el porche, le pedí al compositor de “Carrao Carrao” que dedicara al creador de “Paginas Cruzadas” un disco suyo. El poeta miró cariñosamente a nuestro apreciado visitante mientras sostenía en sus manos un lápiz y su ultimo trabajo musical; y así, como por arte de magia, escribió: “mi musa es como una luz, reflejada en la llanura, como una caricatura, plasmada por Omar Cruz”

José “Cheo” Ramírez, Dios le dé larga vida, para que siga cantando a la naturaleza, a los niños, a la mujer… para que siga cantando a Venezuela. ¡Salud, poeta!



Tomado de:
NOTICIAS VENEZUELA



JOSE CHEO RAMIREZ - CARRAO CARRAO