jueves, 17 de julio de 2014

QUERER ES PODER,

o nunca es demasiado tarde... 


Ve cómo aprendí a usar la computadora a los 82 años con la memoria extraviada, demostrando así que: "loro viejo si aprende a hablar"



Por: Guillermo Sáez Álvarez

En estos días, hojeando una revista, leí de una señora algo mayor que decía cuando le preguntaban porque no tenía un teléfono celular como todas sus amigas, y ella respondía:

-  "Yo jamás voy a tener un aparatico de esos para que todo el mundo sepa dónde estoy, y me estén fiscalizando”.

Hasta que un día, paseando por un Centro Comercial muy concurrido acompañada de una hija y algunos amigos, se perdió en un laberinto de pasillos, y luego de un buen susto, se decidió a comprar uno allí, en el mismo Centro Comercial donde se encontraba, y se dio cuenta que pase lo que pase, no nos queda otro remedio que estar al día con los nuevos adelantos tecnológicos, o te quedas atrás.

Este humilde servidor, por cierto, se dio cuenta a tiempo y adquirió un modesto celular que cumplía con lo estrictamente necesario para sus necesidades, es decir, estar siempre comunicado con sus familiares y amigos más cercanos, y ¿Por qué no? con algunos "contactos" que poco a poco se fueron agregando a la lista. Para ser honesto debo decir que me ha sido muy útil y aún lo conservo.

En cuanto a la computadora e INTERNET, necesarios para no quedarme rezagado, tuvieron que pasar algunas cosas para verme obligado a aprender a manipular el novísimo invento que de paso nunca me hizo falta, ya me consideraba satisfecho con mi celular, pues a mi edad veía todo como muy complicado. Pero como lo que va a pasar pasa, aunque no lo andes buscando, como en la "Ley de Murphy", el momento llegaría.

Por esos días, estaban dictando unos cursos de Computación en la Biblioteca de Pampatar completamente gratuitos, y aproveché para inscribir a mi hijo Guillermo y mi nieto Neptalí, sin pensar mucho en mí, sino para ayudarlos en algo que podría serles útil en cualquier trabajo.  Aunque no hicieron el curso completo, Guillermo me presto sus apuntes que para mí, eran algo así como árabe.

Antes de los citados cursos, mi nieto Marco David, quien va a ser uno de los protagonistas de esta historia, estudiaba Diseño Gráfico y me pidió le enseñara los rudimentos básicos de la pintura al óleo, ya que soy pintor. Le enseñé casi todo lo que sé, ya que soy autodidacta. La mezcla de colores, la elaboración de bastidores, preparada y templada de los lienzos, los tipos de pinceles, etc.  Aprendió rápidamente y comenzó a pintar con un estilo que él llamó surrealismo mágico que gustó mucho y vendió bien sus cuadros.

Todos estos comentarios eran necesarios, pues fue él quien me animó a escribir mis memorias con el argumento de que yo soy el mayor de la familia Sáez Álvarez, y que habiendo vivido tanto debía tener mucho que contar.  Después de unos contrapunteos, pues yo me puse difícil, acepté con una condición: escribiría solo mis primeros 25 años, pues conozco muy bien a mi esposa y se iba a negar rotundamente a que yo escribiera sobre nuestra vida privada.

Ya de acuerdo, comencé a escribir el manuscrito que llegó a 80 páginas.

Acordamos que yo le dictaría mientras él escribía en la computadora de mi yerno Marco.

Así lo hicimos durante varios días y cuando íbamos por la página 17,  Marco nos comunicó que nos podíamos quedar con su computadora, ya que él iba a comprar una nueva. A pesar del regalo, era como decirnos: "váyanse con su música a otra parte", pues mi nieto Marco David no podía ir a mi casa por sus estudios, y este servidor aún no la sabía usar.

Así comenzó un "tour" que iba a durar 2 años, pasando de unas manos a otras el cuaderno con el manuscrito. De las manos de Marco David a las de mi nieto Reinaldo. De manos de Reinaldo a las de mi sobrino Gustavo "musiú" Duque, quien no tuvo tiempo y devolvió el manuscrito a Reinaldo.

Hay que decir que la vieja computadora de Marco era un camastrón que había que reparar constantemente olvidándome completamente de "memorias". Sin embargo algo aprendí preguntando a todo el mundo y con la inapreciable ayuda de mi nieta Nathali que me regaló el teclado y el ratón y adquirí un monitor más grande y en buen estado. Lo importante es que ya tenía computadora y me faltaba INTERNET.

Hasta que llegó el día y pude decirle a la CANTV que podía instalarme el INTERNET, pues me llamaban a diario para preguntarme.

Fue así como poco a poco, llenando cuadernos, anotando nombres, aprendiendo el significado de las palabras e incluso nombres de cantantes, músicos, óperas, compositores, direcciones electrónicas de familiares y amigos, etc. etc.

Debo decir, que por razones de comodidad instalé la computadora en mi cuarto, al lado de mi cama, pues afuera era imposible trabajar por el calor. En cambio en mi cuarto tenía aire acondicionado, estaba cerca de mi esposa y podía escuchar música en la cama con los audífonos.

Mientras yo vivía pegado a la compu, mi esposa me criticaba todo el tiempo porque la había cambiado por esa "perola"  e iba a perder la vista, y a cada rato me hacía voltear para que viera a fulana o a zutana en la TV. Yo no le hacía mucho caso porque sabía que tarde o temprano se iba a dar cuenta de la utilidad de la "perola". Hasta que ese día llegó cuando tuvo que ver unas fotos en Facebook y luego saber para qué servía un remedio y cositas por el estilo.

Un buen día tuvimos que viajar a Caracas a conocer a nuestra primera biznieta, Sofía Valentina.

A los pocos días me dice Reinaldo:

- abuelo, ahí está su cuaderno.

-  ¿Qué cuaderno, le pregunto,

- pues sus memorias, me responde.

-  ¿Y qué pasó, las terminaste?

- No, no tuve tiempo-me contesta.

-  Entonces dame el cuaderno a ver qué hago. Riposté

En Los Rosales hay una computadora de la época de las cavernas que a veces funciona y otras no. Está en un lugar incómodo y obscuro. Pues agarré mi manuscrito y con ayuda de una lámpara, me acomodé como pude y comencé a escribir.

Pasé como 15 días, pero las termine y me las traje a Margarita.

En mi computadora nueva estuve como una semana corrigiendo errores, se las envié a mi cuñado Duque quien las imprimió y envió para otra revisión.

Al fin, se imprimieron unas 30 copias para repartir entre la familia.

Allí cuento todo lo que pude recordar desde que tuve uso de razón, desde nuestra llegada a La Pastora a los 4 años más o menos, hasta la edad en que me casé (24 años) ya viviendo en Los Rosales. Debo aclarar, que mi esposa me censuró algunas páginas que, según ella, eran un poco fuertes.

Hasta aquí esta pequeña gran historia que duró 2 años.

Por: Guillermo Sáez Álvarez.
Revisión de enero de 2013.


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